A fortaleza medieval de Castro Verde

Colección Novela
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Un libro de Ricardo Gómez Polín

Su nombre es acaído. Castreño de corazón y con rostro medieval. CASTRO VERDE, matrimonio de palabras con dos grandes atributos: inmanencia de la Historia y hechizo del Paisaje que sitúa a su condado en el concierto del mundo.
La Fortaleza conjuga el vigor de regios castros y el furor de legendarios caballeros. Por los ojos de sus muros acierta a avistar esas escenas heroicas que nos permiten soñar con su antiguo historial: la prodigiosa memoria de este pueblo señorial.
Llamada Mira Fermosa por aquellas gentes de viejo, sobre su piedra labró la figura de un guerrero; mas siempre para sus siervos se disfrazó de gaitero. Y cuentan que acompañó a la Virgen del Castillo, en la fiesta en que regresa a lo alto de la villa, con grandes fastos y antorchas para alumbrar el camino de vuelta a su ermita.
También es índice erecto, firme puño retador, ante la falsa mirada de los que ocultan su honor: castillo de Castros de Lemos, con círculos en su escudo, y de los lobos de Ossorio o de Moscoso, y de torres de Altamira.

Biografía:

Fue creciendo a la sombra de su castillo feudal, cuando esa Fortaleza era un temido bas­tión y él venía a Castro Verde por la feria quincenal.

Aquellos viejos caminos que lo acercaban al Castro traían desde el Medievo el canto ale­gre del carro. Pronto los fue recorriendo en numerosas jorna­das, sin reparar que allá arriba esa torre misteriosa tam­bién le marcaba el paso.

No le sorprende al fortín que aquel estudioso de enton­ces sea ya su valedor. Doctor en Filología, prolífico historiador. Au­tor de numero­sas obras con di­versos galardones.

Ahora con este libro, Polín re­gresa al castillo, a su burgo y alfoces. Los señores con sus rentas, la extensión territo­rial, los vínculos y mayorazgos, sus alcaldes y escuderos, los pleitos y los combates, heren­cias y tes­tamentos. Los dibujos que en la piedra guardan su fun­damento.

Puso en marcha una cruzada por dar prestigio a esta plaza, la tierra donde nacieron esas gentes de su raza: labradores esforzados, mujeres de vida es­clava. La memoria de su pueblo y el mensaje que transmite la verde Naturaleza.

Fue mostrando las entrañas de la vida medieval: el Camino de Santiago que acaricia su casti­llo y que llega desde Oviedo pro­cu­rando su destino. Los tem­plos y monasterios, sus vere­das y calzadas.

Los mártires de nuestras gue­rras. Los artículos de Reigosa (cronista castroverdense). Y trajo El Caba­llero Verde, de nuevo a la Fortaleza (doscien­tos años atrás fuera obra de Vi­cetto). Y la noche de San Xoán, esos versos del poeta pionero: Luís Gonzá­lez do Cando, hijo de Monte Cu­beiro. (Yacían todos perdidos, sin la honra mere­cida).



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