Entrevista a Montse Felipe Jordán, autora de “Un tango sobre un alfiler”

Charlamos con Montse Felipe Jordán, autora de Un tango sobre un alfiler, una obra de poesía contemporánea recientemente publicada por Editorial Círculo Rojo.

 

¿Se puede bailar un tango sobre un alfiler? 

El tango es un baile difícil, de precisión, con infinitos matices, callejero, que forma parte de una cultura de belleza y delicadeza. Donde la sensibilidad siempre está a flor de piel. Bailar un tango sobre un alfiler es una metáfora, tan complicado como el propio pensamiento, como la mente humana.

«Un buen día pensé que habría una manera de complicarlo todavía más, bailarlo sobre una base muy pequeña, incapaz de sostener dos cuerpos. Un alfiler».

 

¿Por qué esta forma tan peculiar de estructurar los versos de tus poesías? 

Creo que cada palabra merece un silencio y una especial atención. Por lo general, se pierde ese valor que una palabra tiene por sí misma. Muchas veces nos enfocamos en querer englobarla en un contexto más amplio y así nos perdemos las pequeñas cosas que nos quieren decir las letras.

 

¿Qué es más difícil, hacer reír o hacer llorar?

Si tuviera obligadamente que elegir, diría que hacer reír; todos tenemos cosas dentro que podemos tocar fácilmente para derramar alguna que otra lágrima, pero hacer reír es algo más delicado, no todo el mundo entiende el humor de la misma manera, yo misma hace años me «autoenfadaba» con lo macabro del humor negro, pero ahora me gusta y tengo por bandera no enfadarme con nada. Como decía un profesor mío «se enfada quién se quiere enfadar» y yo le añado que se ríe quién se quiere reír. El humor va conectado al carácter unipersonal, a las propias creencias, a las experiencias y al criterio que tengamos de las cosas. Yo me río con todo, comenzando por mí.

En definitiva, la risa y el llanto son más de lo mismo. Creo que si hacemos reír, también podemos hacer llorar. Todo está ligado, el humor está estrechamente conectado con el llanto, y, casualmente, las personas que más ríen son las que han experimentado los más grandes sufrimientos a lo largo de sus años; supongo que es la manera más agradecida de entender la vida. Un mismo texto ha sido leído con lágrimas, sin embargo, otras personas se han echado unas risas. Eso es lo que me ha hecho ver que cada cual siente las letras de manera diferente. Por eso soy capaz de llorar a carcajadas.

 

¿Cómo recomendarías Un tango sobre un alfiler a sus potenciales lectores? 

Es un libro para hacer la nada, para la perfecta ocupación de la nada en el vacío. Un libro de cerveza de viernes o de domingo por la tarde. En cualquier caso, diría que es un libro de antipoesía, textos que huyen del verso y de la rima, con algo de rebeldía y siempre sin juicios, un libro que es lo que es gracias a lo que entienda el lector. No se trata de un libro de lectura, sino que es un libro para despertar el pensamiento, para anotar, para jugar a abrir una página y preguntar «a ver qué quiere decirme la vida hoy». No estamos acostumbrados al pensamiento y eso nos inquieta, nos agobia. Lo tenemos completamente desentrenado. Un tango sobre un alfiler es un llamamiento a la reflexión, a esa asignatura pendiente que tan poco nos enseñaron en la escuela y que tanto carecemos de ella.

 

¿Te atreverías con otro género literario? 

Por supuesto que sí. Lo que más me gusta de la poesía y los microrrelatos es la capacidad de decir muchas cosas en muy pocas letras y en un espacio de papel limitado, pero soy bastante ecléctica con los géneros. La poesía me ha abierto las puertas cuando la he necesitado y ahora quiero darle la oportunidad al relato.

Creo que cada género nos llega en un momento de la vida diferente, la poesía parte de la necesidad de expresión y no suele forzarse a escribir, no es algo que podamos decidir, sencillamente sucede. Cuando quise darme cuenta, había escrito más de 30 textos en un mismo día. Ese mismo día decidí que Un tango sobre un alfiler se convertiría en algo más que en textos guardados en el teléfono y en el ordenador.

 

¿Algún proyecto en ciernes? 

Ahora mismo estoy disfrutando de escribir relatos de humor y reflexión, pequeños cuentos que son una mezcla un poco explosiva de diferentes temáticas, pero creo pueden tener un resultado sorprendente.

Supongo que el humor estará muy presente en casi todo lo que escriba, forma parte de mi persona muy de cerca, de la misma manera que la filosofía y la reflexión.

También estoy colaborando en un proyecto solidario a favor de la investigación del Alzheimer, un libro de relatos muy bonito que dará a luz a finales de año, en el que participarán varios escritores con gran experiencia.

 

¿Cuáles son tus principales influencias literarias y artísticas?

He crecido leyendo libros de Cortázar, Milan Kundera, Haruki Murakami y Osho, entre otros.

Independientemente de todas esas lecturas, mi principal influencia emocional y artística está en la calle, en la gente. Hace unas semanas, un señor anónimo muy sabio de 92 años, que estudia griego en las madrugadas y cuida a su mujer con Alzheimer avanzado desde los 40 años, me dijo “Montse, ahora que tengo respuestas, nadie me hace preguntas”. Esa es mi mayor influencia artística. La calle, la gente, lo cotidiano, escuchar y aprender.

Por otro lado, la rama del arte que más me identifica es la música. Todos los artistas que me gustan tienen algo en común: llevan la humildad por bandera, son medio borrachos y tienen la voz ronca.

Me gustan las personalidades que se debaten entre dividirse en persona o personaje.

La música del grupo Marea ha marcado mi vida desde que me sentí atraída por las letras. Se podría decir que es mi grupo favorito desde que puedo razonar por mi misma.

También adoro la facilidad de expresión del Indio Solari (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) en su época, un chico de barrio conflictivo con pensamientos de filósofo y revolucionario, cantándole a la calle, a la vida que está del otro lado, la que no se ve. Creo que es uno de los más grandes pensadores y escritores de la historia del rock.

Y por supuesto, el aire bohemio y poético del maestro Sabina, que a tantos nos ha inspirado su profundidad y manera de observar el mundo tan cerca y tan de lejos del cuerpo.

También me gusta la música de cantautores menos conocidos como Rafa Pons, que tocan en bares de música en directo en cualquier bar y a cualquier hora de cualquier día de la semana.

Me quedaría con una frase de cada uno de ellos que han inspirado y se representan en Un tango sobre un alfiler :

Joaquín Sabina: “la muerte es sólo la suerte con una letra cambiada.”

Kutxi Romero (Marea): “ten cuidado con la luna, dicen las estrellas, más guapa que ninguna me quedo con ella.”

Indio Solari (Patricio Rey y sus redonditos de Ricota): “lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir.”

Rafa Pons: “¿Y cuál es la verdad? Pues que de tanto buscarme me he perdido.”

 

¿Quién es? 

Montse Felipe Jordán (15 de abril de 1989, Barcelona). «Soy una chica de barrio que acaba de cumplir sus veintitodos. Aries por naturaleza. Con influencias de grandes músicos y escritores casi todos borrachos a los que he admirado y a los que debo pedir perdón por vacilar y cuestionar en este libro. Creo y confío en el poder de las metáforas, del personificar lo inerte y en el montón de palabras escritas que no se inquietan ante una ráfaga. Me aburre la poesía contada en versos numéricos perfectos. Me gusta que cada uno de los textos que vayas a encontrarte aquí dentro, puedas comprenderlos a tu manera, que los hagas tuyos y puedas reír o llorar dependiendo en el momento en el que te encuentres. Por mi parte te animo a realizar una cápsula del tiempo, a arrancarle alguna página a este libro y guardarla en un cajón para ver qué quiere decirte de aquí a algunos años. Y cuando lo hayas acabado, deja que se le acumule el polvo en tu estantería, eso significará que en algún momento puedes volver a limpiarlo y, quién sabe, a releerme».

 

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