Entrevistamos a Inés Peral, autora de “Donde el alma se esconde”

¿Qué papel puede jugar la poesía en este convulso mundo de «Abeles» y «Caines»?

Sin necesidad de echar manos a la Biblia, creo que desde que el mundo es mundo, en el género humano están ambas semillas; dejar que una o la otra fructifique, depende del entorno, la educación, o bien la propia condición humana que cada ser desarrolle en su vida. Creo que la poesía es como un bálsamo que puede suavizar las heridas de la decepción. Una poesía puede alegrar o entristecer según el tema; si se ama la poesía, siempre se encontrará el camino que nos conduzca a soñar por un momento, olvidando  la pléyade de “Caines” que pululan esperando crecer y contaminar.

En Donde el alma se esconde dedicas versos a los temas más diversos. Pero, ¿dónde te encuentras más cómoda?

Depende del motivo o la circunstancia que me mueva a escribir, pero creo que mi inspiración se inclina más por los temas sociales, la eterna desigualdad que desde que el mundo es mundo reina para dividir en categorías superiores o inferiores a los seres humanos, me abruma haciéndome ver que la palabra empatía no es más que una palabra que pocos llevan a su vocabulario con el fin de escribirla en su corazón.

Muchos de tus poemas tratan sobre pensamientos y reflexiones que llevan intrigando a la humanidad desde el principio de los tiempos y que han sido tratados por los filósofos desde que la razón entró en acción. ¿Crees que, como alguien dijo en alguna ocasión, la poesía si no es filosofía no es?

Creo que en mi personal Parnaso la poesía debe ser el vehículo de la reflexión, el medio de gritar lo que otros callan por miedo a las consecuencias. Cuando la razón entra en acción, filosofar debe ser el camino que conduzca no solo a la palabra escrita o lanzada en un mitin, sino a entender que la palabra caridad debe cambiarse en el vocabulario por el derecho, y la indiferencia por el Amor con mayúscula.

¿Puede la prosa servir de vehículo para las mismas pasiones e intrigas sobre las que gira el verso?

Sin duda alguna, la prosa es el medio más fácil de expresar cuánto sentimos y queremos transmitir a los demás, ya que el pensamiento corre más libre sin estar sometido a métrica alguna.

¿Cuáles son tus referentes literarios?

Del clasicismo, sin duda alguna el Quijote de la Mancha, ya que D. Miguel De Cervantes Saavedra conocía el alma humana al extremo de plasmarla con tanta exactitud, que a través de su lectura, en alguna página nos vemos retratados nosotros mismos. Ernest Hemingway en Adiós a las armas me hizo leer y releer su libro, no por haber alcanzado el premio Nobel que sin duda merecía, sino por conocer con tanta exactitud toda la gama de nuestra condición humana. De los contemporáneos me gusta bastante Carlos Ruíz Zafón, y Carmen Conde en su libro Soy la madre, me vi retratada con toda exactitud, por el tema elegido. Un tiempo fue mi autora preferida Pearl Comfort Sydenstricker Buck, más conocida como Pearl S. Buck por títulos como La Gran Dama. Su conocimiento de la China milenaria me atraía un montón.

¿Cómo ves el estado de los poetas y poetisas en este complicado mundo literario contemporáneo? ¿Hay esperanza?

Yo creo que sí. Más bien es el desconocimiento del tema el que lleva a los jóvenes a buscar otras distracciones. Creo que en los colegios ya deberían leer poesía y explicar lo que métrica significa, leer por ejemplo las fábulas de Samaniego, Calleja, y tantos otros que escribieron fábulas inolvidables. A los niños y niñas, explicándoles la moraleja de cada historia; estoy segura que en el alma infantil nada ha cambiado. A mí me emocionaban todas aquellas fábulas contadas por una profesora tierna y sencilla que jamás olvidaré. Teniendo en cuenta que el alma infantil sigue siendo pura y abierta a todos los sentimientos tiernos, prepararles desde la infancia a distinguir la diferencia entre literatura y poesía, de modo que lleguen con el tiempo a amar la poesía cuando sus ojos sepan ver qué significa la métrica.

 

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