Reseña de «La mariposa asesina»

En cierta ocasión, el gran Lord Byron dijo una frase que le viene que ni pintada a esta novela: «Es extraño, pero es verdad; porque la verdad es siempre cosa extraña; más extraña que una ficción».

Stranger than fiction, que dicen los angloparlantes. Y es que la realidad, para el que sabe aprehenderla en su justa medida, es extraña y, por lo tanto, es una fuente inagotable, por paradójico que pueda parecer a primera vista, para crear ficciones literarias o cinematográficas. Esta novela, La mariposa asesina, de la misteriosa escritora Iris Spirer, ¿pseudónimo? De Aymar Nin, recientemente publicada por Editorial Círculo Rojo, lo viene a demostrar. Y no es porque esté inspirada en hechos reales, sino más bien porque usa historias reales, o potencialmente reales, para crear una ficción tan creíble como plausible

Sin duda alguna, la novela negra —entendida de una forma muy amplia— sigue siendo uno de los géneros más leídos, aunque también continúa formando parte, junto a la ciencia ficción o la fantasía épica, de ese grupo de géneros criticados por los snobs intelectualoides, a los que, desde las alturas, tachan de obras «para todo los públicos» sin reconocerle la merecida calidad literaria. Afortunadamente, hace tiempo que esto comenzó a cambiar. Y lo ha hecho gracias a obras como esta, una compleja novela que hará las delicias de todos los aficionados a las historias de crímenes.

En primer lugar, hay que destacar que La mariposa asesina, aunque está construida siguiendo el arquetípico patrón de las novelas (planteamiento, nudo y desenlace), juega con la estructura a su manera —cuando la lean, lo entenderán—. Esto puede parecer baladí, pero es un factor que hace que su lectura sea mucho más enriquecedora. Ya lo dijo el maestro Julio Cortazar: «Una novela no me dará jamás la idea de una esfera; me puede dar la idea de un poliedro, de una enorme estructura». Hay que reconocer a la ágil pluma de Iris Spirer/Aymar Nin como va alternando las historias paralelas que componen esta historia, jugando con el espacio y los tiempos, con la firme pero contundente idea de ir construyendo poco a poco, de forma dosificada, las tramas, las motivaciones y los perfiles psicológicos de los personajes.

En la forma, La mariposa asesina está construida de una manera sensacional. Destaca la capacidad de la autora para crear el necesario e imprescindible clímax, característica esencial de la novela negra. Lo hace, como es habitual, dosificando la información y creando tramas paralelas, consiguiendo con ello que el lector no pueda despegarse del libro hasta pasar la última página.

Además, la prosa de Iris Spirer/Aymar Nin brilla de manera especial en las descripciones de ambientes, consiguiendo transportar al lector a cada uno de los lugares en los que se desarrolla la acción del libro. Esto, unido a la impresionante caracterización de los personajes, tan ricos en matices y en detalles como los lugares que describe, provoca una experiencia inmersiva en el lector, algo que puede parecer fácil de hacer, pero que solo consiguen los maestros de la pluma. Por supuesto, también ayuda el lenguaje cercano, urbano y realista que imprime en los personajes, muy del día a día, que permite que el lector empatice con los actores de esta novela.

Especial atención merece un elemento, característico de la buena novela negra, de las buenas novelas negras, que aquí brilla en todo su esplendor: nada es lo que parece. Las tramas de este género suelen incluir giros que rompen por completo la historia y que provocan que el lector quede descolocado. En La mariposa asesina esto sucede varias veces y, además, nos conduce a un final tan sorprendente como inesperado y poco previsible. Lo soñado para una novela de este tipo. Es cierto también que, pese a algunos recursos que marcan claramente una diferencia y que representan, como decíamos, un soplo de aire fresco, la novela juega con todas las ideas clásicas del género.

Me ha recordado, salvando las distancias, a Ciudadano Kane, la obra maestra de Orson Welles, y su endemoniada y complejísima estructura narrativa, en la que terminamos conociendo la historia del personaje protagonista, Charles Foster Kane —alter ego del ínclito William Randoph Hearst—, gracias a la información que recibimos de distintas fuentes. Los que conozcan la cinta de Welles sabrán a qué me refiero. No se trata de la misma estructura poliédrica, pero, de alguna manera, Iris Spirer/Aymar Nin construye La mariposa asesina de un modo similar, construyendo un puzle que solo al final podemos ver completo.

Y el suspense. Los lectores no nos damos cuenta siempre. Pero es tremendamente difícil para un escritor enganchar al lector. Para eso existen trucos. El simpar cineasta inglés Alfred Hitchcock se inventó un palabro con el que hacía referencia a los pretextos o excusas narrativas, casi siempre sin especial relevancia, sobre las que se construye un relato y se fabrica el suspense necesario para atrapar al espectador. McGuffin. Lo podría explicar yo, pero Hitchcock ya lo hizo en el famoso libro-entrevista El cine según Hitchcock, escrito por el también cineasta François Truffaut:

«La palabra procede de esta historia: Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un McGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en Escocia no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un McGuffin”, le responde el otro».

Pues bien, La mariposa asesina contiene numerosos McGuffins, aunque, sin duda, el más importante es…

En resumidas cuentas, una extraordinaria novela que les atrapará de principio a fin y que hará las delicias de todos los aficionados a las buenas historias de crímenes. Una delicia.

 

 

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