Reseñamos «Henrick y el misterio de Suasermith»

El protagonista de esta apasionante historia es Henrick, un chico normal, aunque con una curiosa característica que tendrá gran relevancia en el desarrollo de la historia: tiene un ojo de cada color, a lo David Bowie, uno verde, «como los árboles», y otro amarillo, «como el sol».

Henrick terminó en el Colegio Duntay, un internado para niños huérfanos de las Highlands escocesas, construido frente al bosque de Suasermith, tras la enigmática desaparición de sus padres —he aquí el principal McGuffin del libro—. Curiosamente, una de las normas de conducta de aquel centro consistía en no adentrarse, bajo ningún concepto, en el bosque. ¿Qué pasa en aquella misteriosa arboleda? Segundo McGuffin.

Por si fuera poco, en esta dickensiana historia, hay también fantasmas… Una misteriosa y pálida niña, de melena ondulada rubia y ojos azules, que solo él parece ver y que está relacionada con una terrible tragedia que varios años atrás asoló el colegio Duntay. Tercer McGuffin.

Y hasta aquí puedo leer.

Henrick y el misterio de Suasermith, la primera obra de la jovencísima escritora Andrea G. Lanza, recientemente publicada por la Editorial Círculo Rojo, es tan entretenida como misteriosa. Y eso es un punto que especialmente merece la pena resaltar, sobre todo porque los lectores ajenos al mundo de la narrativa juvenil suelen considerar que se trata de obras facilonas y algo naif y no suelen otorgarle el estatus de “literatura”. Craso error, sobre todo en este caso. Parece fácil, pero construir una historia como esta, sencilla en su contenido, amateur, incluso, en la forma, pero compleja en cuanto a la creación de un clímax de misterio, no es sencillo. Hay que saber hacerlo. Unos lo hacen siguiendo al pie de la letra el método, otros, como creo que es el caso de Andrea, lo hacen de manera innata. Como los grandes.

Por si fuera poco, la elección del contexto es otro gran acierto. Escocia, tierra de leyendas y de mitos. Y, siendo más precisos, las Highlands, las tierras del norte, tan de modo últimamente en la narrativa romántica —gracias sobre todo a la extensa saga de novelas Outlander, de la escritora estadounidense Diana J. Gabaldon—, pero que los ya peinamos canas conocemos gracias a la película Los Inmortales (Russell Mulcahy, 1986). No en vano, estas tierras están repletas de leyendas, casi todas de origen celta, sobre bosques encantados (como el mítico bosque de Braemar, que rodea el castillo homónimo) y espíritus vagantes (como la conocida Lady Janet).

En resumidas cuentas, Henrick y el misterio de Suasermith es una obra más recomendable, tanto para los más jóvenes de la casa como para los adultos con mente abierta que siguen siendo niños. Les encantará.

Por cierto, ¿saben qué es un McGuffin? Pues se trata de un palabro, también relacionado con Escocia, que inventó el rey del suspense, el simpar cineasta inglés Alfred Hitchcock, para hacer referencia a los pretextos o excusas narrativas, casi siempre sin especial relevancia, sobre las que se construye un relato y se fabrica el suspense necesario para atrapar al espectador —en este caso, al lector—. Lo podría explicar yo, pero Hitchcock ya lo hizo en el famoso libro-entrevista El cine según Hitchcock, escrito por el también cineasta François Truffaut:

«La palabra procede de esta historia: Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un McGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en Escocia no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un McGuffin”, le responde el otro».

Más sobre el libro: http://editorialcirculorojo.com/henrick-y-el-misterio-de-suasermith/

 

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