Carmen Reyes Rodríguez

Biografía:

He nacido en Madrid.
Lo primero que quiero decir de mí para presentarme es que soy “nefelibata” (palabra de origen griego que quiere decir “persona soñadora que camina por las nubes”).
Esta graciosa palabra con su sonoridad peculiar ronda mucho por mis trabajos y proyectos.
Para seguir presentándome es imprescindible que diga que me gusta escribir y que siempre he escrito para mí. Pero un día decidí escribir para otras personas, así que surgieron “El invisible jardín” (novela epistolar entre dos personas que no se conocen) y dos novelas infantiles, una de ellas es una aventura repleta de viajes titulada “Marco y Polo” y la otra, con el título “Jopete, Jolina y Pamela”, es un cuento en el que una niña cambia el mundo.
Embarcándome en el teatro he escrito “Citas en Taormina”, obra en la que los personajes se encuentran en la encrucijada de “volver a empezar” próximos al volcán Etna.
Mi presentación estaría incompleta si no dijera que me gusta, me apasiona, me fascina “arrimarme” a personas con talento.
Creo que el talento (y la bondad, si se me permite esta palabra) es la expresión más generosa, audaz y creativa de uno mismo.
Ser nefelibata permite posarse y caminar con los pies en el suelo. Cuando ha sido así, mi formación académica se ha centrado en la rama de Humanidades, concretamente Geofrafía e Historia en la UNED (incluyendo Historia de la Literatura, del Arte, de la Filosofía…). Además siempre he disfrutado de la conversación y me ha gustado viajar, lo que me llevó a estudiar italiano, inglés y francés en la Escuela Oficial de Idiomas.
He sido profesora de Inglés, Historia y Cultura Clásica en diversos institutos de Madrid y en otro ámbito laboral he desempeñado la función de Directora de la Escuela Infantil “San Vicente de Paúl”. Actualmente colaboro en el Estudio de Artes Escénicas Expresando como profesora de Análisis de Texto y Microteatro.
Por último diré que la mantequilla que se derrite en su punto en la boca, la guinda, la crema, la efervescencia de la levadura o el chocolate de la tarta… lo pone en mi vida el deseo de explorar y de aprender aquello que me aporte “experiencia vital, evolución”.
Y cito las palabras de TS Eliot: “No debemos dejar de ser exploradores y al final de nuestra exploración volveremos de nuevo al punto de partida y lo conoceremos por primera vez”.



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