Caprichos Goyescos I

Colección Relatos
Un libro de Ricardo López Ruiz

La realidad nos va transformando al mismo tiempo que nosotros la transformamos a ella. Somos actores de sus designios. Nos señala con el dedo qué hacer y qué no hacer. Pero alguna vez uno puede llegar a colgar el ‘hacemos’ en un cartel, y quedarse sentado en el banco de la estación esperando al metro imaginario, al tranvía prometido o al trolebús soñado. Contar el tiempo con el reloj cónico de la mentira o comer una banana podrida al ritmo de una hormigonera. Retirarse al destierro con los apátridas o chiflar la última canción del Bio Rock Music Group… Sacar brillo a la necedad instalada en los pasillos del poder o pasar unas vacaciones pelando aguacates en Chinandegas. Contar las vueltas de un tango interminable o enloquecer ante otro ‘- ¡¡come on baby!!’. Mirar al sol haciendo eses en el cielo o predecir cuándo la luna dejará de obedecer las leyes del Tío Kepler… Las opciones parecerían incontables. Y es aquí donde surge otra alternativa posible: irse a la orilla de un río o a la playa más cercana, tumbarse allí tranquilo y leer sin prisa este librito que aquí se referencia. Seguro que no le defraudará… Como si de un frasco de perfume concentrado se tratase, ¡lléveselo y disfrútelo!

Biografía:

Ricardo López Ruiz. La vida quiso situarnos en la Ribera de Navarra, entre campos fértiles bien regados y bien trabajados. Allí nacimos en Tudela cuando el Caudillo todavía estaba en pie, un 8 de Octubre de 1967. Allí crecimos y jugamos en nuestra infancia y adolescencia en un hermoso pueblo llamado Villafranca (también dicho la antigua Alesves). Después tuvimos ocasión de ampliar formación y horizontes. Y también de traspasar fronteras. En Filadelfia vimos que un hombre puede ser polvo o puede no ser nada. En Francia descubrimos que París siempre será la ciudad de la luz y del amor. En Argentina nos desmelenamos en el microcentro bonaerense, pues al fin y al cabo la vida no vale más allá de un tango. Entremedio también hicimos algo de Ciencia. Y así se nos fue y así gastamos parte de nuestra juventud. Ahora seguimos paseando por las orillas del Ebro y sus afluentes, entre Zaragoza y Navarra, encantados de poder compartir con ustedes este librito, que no es más que un pequeño trozo de mi corto caminar y un producto de mi particular visión, irónica, de la realidad, posiblemente de nuestra realidad.



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