Del Guadiana al Alacranejo

Colección Historia
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Un libro de Montserrat Rayo Olmo

En el año 1217, Almagrín y Don Duro recorrían el Campo de Calatrava en busca de sucesos que contar a las buenas gentes de la comarca. Al salir al camino se toparon con un acontecimiento trascendental: la Orden de Calatrava se trasladaba desde su Ciudad amurallada hacia un Castillo y Sacro Convento de nueva edificación.
En la narración del devenir de la jornada, su autora combina realidad histórica, fcción y una descripción detallada del contexto, que ligado a un lenguaje pretérito conseguirá atrapar la atención del lector.

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Biografía:

Montserrat Rayo Olmo nació en Vilajuïga (Girona) en 1960. La profesión de su padre le llevó a
vivir en diversos pueblos y ciudades de Cataluña, Andalucía y Castilla-La Mancha. Estos
desplazamientos y vivencias de infancia, adolescencia y juventud moldearon su personalidad
haciéndola comprensiva frente a la diversidad. Hablaba castellano y catalán y apreciaba las
costumbres y tradiciones que la vida le iba mostrando. Montse recuerda con afecto los
numerosos patios de colegio en los que jugó, la multitud de calles por las que anduvo, el
inmenso Mediterráneo en el que abrió sus ojos, los ruidosos ríos en los que aprendió a nadar,
las seductoras ciudades que le envolvieron y los encantos de los pueblos en los que anidó.
Recorramos su itinerario vital: Vilajuïga, Roses, Torroella de Montgrí, Borges Blanques y Artesa
de Segre en Cataluña; Alcalá la Real, Marmolejo, Noalejo, Mancha Real, Jaén y Granada en
Andalucía y Ciudad Real y Almagro en Castilla-La Mancha. Al terminar sus estudios de
Diplomada en Profesorado de E.G.B. fijó su residencia en Almagro.
Su pasión por los cuentos nació de la narradora voz y de las galopantes rodillas de su padre,
Luis. Eran viajes duros e interminables en pausados trenes, algunos de carbón, que les llevaban
en vacaciones de Cataluña a Andalucía, ida y vuelta. Luis, proyectaba en la imaginación de su
hija mágicos escenarios a partir de la realidad visual y la ficción improvisada. Así, los
personajes recorrían al paso, al trote y al galope los valles y las montañas, guiados por su dedo
en el ventanal del tren. Luis tenía el poder de predecir la aparición de castillos construidos en
las colinas, personajes apostados en las rocas y entramados épicos, que surgían sin cesar,
hechos a medida del paisaje. Y duraban hasta que Antonia, su madre, lo decidía con cariño y
oportunidad, ofreciéndoles el menú de los días de tren: huevos duros y carne empanada.
Montse es madre de Alba y José Luis, a los que acunaba con nanas flamencas y dormía con los
cuentos del tren de carbón.

Un par de versos a mi amado padre:
“De día andas por mis pensamientos,
de noche vives en mis sueños”.
(Noalejo, marzo de 2002)



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