Dinde mi barraca

Colección Poesía
Un libro de Nicolás Rex Planes

Desde el vuelo del primer aeroplano al imaginario viaje a la Luna de un huertano, pasando por las revoluciones sociales de principios de siglo, por las guerras civil y mundial, por las penurias de la postguerra, la guerra fría o el desarrollismo de los sesenta, nada escapó a la pluma de Nicolás Rex, que año tras año a través de sus bandos y romances registró el transcurrir de la Huerta de Murcia durante casi un siglo. Tras la selección y publicación de algunas de estas obras en su primer libro, “Entre ciecas y cañares” (1962), y transcurridos ya casi cincuenta años desde su muerte, constituye ésta la segunda recopilación de todas esas pequeñas composiciones.
Sin embargo es ahora, al reunirlas cronológicamente, cuando alcanzan toda su dimensión. Consideradas en conjunto constituyen una singular e interesante crónica de lo cotidiano, en el último testimonio posible de un mundo olvidado, de costumbres arcaicas y habla morisca. El lector se verá inmerso en un mundo donde los grandes hechos del exterior se diluían entre los avenamientos de la huerta y perdían toda notoriedad anteel ciclo anual de cosechas o frente al temor a la “nube de piedra”. Donde la “bomba trómica” compartía titular con la “riá” y el Sputnik no era más que otro tema de conversación durante el “esprefollo” de la panocha. Juntas, todas estas pequeñas historias adquieren una nueva perspectiva, más allá del tono festivo con que individualmente pudieron ser compuestas, para convertirse en una imprescindible crónica de la Huerta de Murcia durante el pasado siglo.

Biografía:

Nicolás Rex Planes (1892-1971).
Con sólo dos libros publicados, Nicolás es considerado como uno de los principales escritores costumbristas en habla panocha del siglo XX. Sin embargo son cientos las pequeñas composiciones escritas con ocasión principalmente del desfile anual del Bando de la Huerta y por las que fue galardonado con la panocha de oro. Estas obras incluyen no sólo los típicos bandos y soflamas sino un importante número de pláticas y romances de gran interés. Una pequeña parte de ellas fue recopilada en su anterior libro “Entre ciecas y cañares” (1961), mientras que en su otra publicación “La huerta que yo viví” (1970) recoge y describe las tradiciones populares de la huerta de Espinardo en la que nació. Él mismo declaró que el panocho fue su primera forma de expresión no aprendiendo el castellano hasta el inicio de sus estudios. Sin embargo para entonces el habla de la huerta y la Huerta misma habían calado tan profundo en su ser, que nunca pudo separarse de ellas. Para ello hubo de renunciar a sus estudios de pintura en Madrid y a un puesto de docente de Bellas Artes en Roma. Nicolás debe ser, por tanto, considerado, además de uno de los últimos poetas vivenciales del estilo de vida tradicional de la Huerta de Murcia, como uno de sus más
puros poetas dialectales. De él se dijo: “intérprete fiel y puro del alma huertana, de sus costumbres, y actor de una vida que describe y de una lengua que utiliza en sus versos
y narraciones” (J. Barceló); “Dios puso en él una disposición nada común para interpretar el alma de la huerta, el carácter de sus hijos y sus costumbres y para expresar todo
eso en el lenguaje rural que hemos convenido en llamar panocho” (J. Ballester).



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