El misterio de la vidriera desaparecida

Colección Novela
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Un libro de Antonio Azcona Silván

Durante los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, un escriba, que vivía en el oasis al que se retiró, dejó constancia de su vida, día a día, como una persona especial, pero también como hombre normal y corriente, de manera que, según cómo se interpretara, se podía negar que fuese el Mesías Prometido. Estos escritos pasaron por muchas vicisitudes hasta que fueron a parar a los cimientos de las termas romanas en León de la mano de un soldado de la Legio VII Gemina.
Al comenzar los trabajos de construcción de la actual catedral de León, en el siglo XIII, fueron encontrados accidentalmente, yendo a parar a manos del obispo de la ciudad en aquel momento, quien los llevó a Toledo para traducirlos, descubriendo la posibilidad de ser utilizados para negar la divinidad de Jesús y destruir los cimientos de la Iglesia por parte de sus enemigos, si llegaban a ver la luz. Para que no quedasen testigos de lo que se decía en ellos, tuvieron que eliminar al traductor y a una serie de colaboradores. Al volver a su ciudad los escondió en la catedral, dejando indicado dónde se encontraban mediante una vidriera que representaba un soldado romano con sus pies sobre una cruz y un libro en las manos atravesado por un rayo que mostraba el lugar exacto; pero esa vidriera desapareció. El dibujo que sirvió de base para la vidriera se escondió, partido por la mitad, con una parte en una torre de la catedral de León y la otra en la catedral de Burgos.
Al reparar la torre de la catedral, unos años atrás, apareció la parte del dibujo escondido en ella, lo que dio lugar a varios asesinatos en una lucha para hacerse con él por parte de los descendientes del traductor muerto en el siglo XIII, que querían recuperarlos para vengar se dando a conocer la falsedad de Jesús como hijo de Dios y destruir su Iglesia, y por parte del obispado para evitar que cayeran en sus manos, dando pie a que el comisario González y su amigo leonés, el comisario Álvarez, investigasen para solucionar los crímenes, descubriendo las tramas desde el inicio hasta el resultado final más sorpresivo.

Biografía:

Antonio Azcona Silván, una de cuyas pasiones es la lectura de novela policíaca y de misterio (aparte de escribir) y otra su amor por las grandes obras arquitectónicas religiosas y civiles de todos los tiempos, aúna ambas en esta novela para, desde una perspectiva histórica, dar cabida a que el comisario González, que resolvió el caso de El asesino de las doce campanadas, del mismo autor, vuelva a ponerse en acción para desentrañar El misterio de la vidriera desaparecida, en el que se vio implicado por su amigo leonés, el comisario Álvarez, dando lugar a que investigación policial, historia y arte muestren una faceta desconocida de la ciudad leonesa, de sus orígenes, de sus monumentos y de sus fiestas patronales de San Froilán, cuya vivencia en el año 2014 le dejó admirado y profundamente agradecido.



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