Inocencia y generosidad, si supieras

Colección Relatos
Quiero comprarlo
Un libro de Enrique Gómez Tárrega

Solo la inocencia de una mente sin maldad es capaz de aceptar un sacrificio por amor sin esperar ninguna contraprestación a cambio del mismo, confando en que el destino será, cuanto menos, tan justo como él ha sido con sus semejantes.
Cuán doloroso debe ser para el corazón de una inexperta adolescente ver cómo cae a sus pies el castillo de ilusiones que había construido sobre una base cuyos inseguros cimientos estaban asentados en una muy bien timbrada voz que, a través de unas dulces baladas acompañadas por las afnadas cuerdas de una guitarra, eran entonadas cada noche de aquel caluroso verano por un trovador totalmente desconocido desde una vivienda próxima a la que ella vivía, y que, por supuesto, ella tenía el convencimiento de que iban dedicadas única y exclusivamente a su persona.
Aunque el sutil destino, o quizás la vida misma, puede guardarle una nueva prueba que la lleven a comprender que cuando el corazón toma una decisión de esa índole, nada ni nadie tiene sufciente fuerza para hacerle cambiar de opinión, aunque para ello tenga que derribar muchos de esos vetos que ella siempre se ha fjado como intocables.

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Biografía:

Nacido en uno de los barrios de extramuros de la ciudad de Valencia, donde transcurrió gran parte de su infancia, pues la otra la consumió jugando e incordiando por el interior del Mercado Central, donde a diario dejaba con sus travesuras constancia de sus genialidades y su gran imaginación.
Cursó sus estudios primarios en las desaparecidas Escuelas Pías (de fuera o de la plaza). Con el paso de los años, y aconsejado por sus padres y por algunos ofciales compañeros de trabajo, compa
ginó este con los estudios de Técnica Mecánica, alcanzando el título académico como ITI.
Cuando convertido en un adulto fundó una familia, asentó su residencia en Picassent (un pueblo del Horta Sud), sintiéndose totalmente integrado, pues es un enamorado de sus costumbres,
así como de sus tierras y sus gentes, por supuesto sin olvidar jamás, su querido barrio ni su adora da ciudad, por los que siente una especial debilidad solo con nombrarlos.
Fue a fnales del pasado siglo XX cuando decidió desempolvar, desde el fondo de algunos cajones de armario, parte de aquello que durante años fue escribiendo y guardando para mejor ocasión. Fue este el motivo por el cual esta novela ha visto la luz, con la sutil esperanza de que aquel que sea capaz de leerla disfrute tanto con su lectura como él escribiéndola.



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