Reflexiones de un freaky escéptico

Colección Novela
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Un libro de Miguel Ángel Arias Fernández

Todas las opiniones son subjetivas. Todos y cada uno pensamos que las nuestras son las acertadas y que quien no las comparte está equivocado. Las opiniones de una persona cuerda están basadas en la experiencia propia y en lo que han dicho otros. Después de tanto tiempo de opinar, se ha dicho todo tipo de cosas y sus contrarias; en función de factores como la educación recibida, la capacidad de raciocinio, el grupo al que se pertenece, los intereses propios y del grupo… Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, las opiniones aceptadas lo son por consenso entre las partes y no porque haya razones irrefutables para ello. Muchas de las opiniones establecidas como verdades irrefutables en un momento dado perdieron validez con el tiempo. Aún quedan muchas que tam
bién debieran perder validez.
Este escrito desacraliza e interpreta libre y racionalmente (bajo mi prisma) opiniones sobre el mundo y los distintos procesos que lo han confgurado. Mis opiniones, como las de cualquiera, no nacieron conmigo, son hijas de mis circunstancias; se fueron formando con el trato con otras personas, algunas veces en directo y otras a través de las distintas modalidades de cultura (literatura, TV, cine, artes plásticas…). Unas veces expuestas con mi lenguaje y otras citando a otros. Dijo Michel Montaigne: “Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento”; yo también lo hago como muleta, refuerzo o divertimento.
El escrito consta de capítulos en los que se proponen otras interpretaciones distintas de las mayoritariamente aceptadas y en las que se revisan aspectos fundamentales de la vida y su desarrollo: la conducta, formación de valores, cultura, civilización, derechos, sexo… En varios de ellos, se sigue el mismo procedimiento: se empieza analizando el comportamiento de nuestros antepasados desde la prehistoria, o el de algunos animales cuando procede y se hace un recorrido histórico de los hitos que fueron modifcando ese comportamiento.
El escrito empieza desistiendo de cualquier pretensión, pero los datos que en él se exponen, se ha pretendido que sean lo más rigurosos posible; aunque en ocasiones el tono resulte jocoso o incluso irreverente, lamentaría ofender a alguien. Pero como siempre, habrá alguien ofendido por cualquier cosa, tal vez sea preferible ejercer la libertad de expresión y confar.

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