SOMOS NOSTALGIA

Colección Relatos
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Un libro de Tomás Martínez Pérez

“Por suerte no somos autómatas de la memoria, nuestra actual mirada no es exactamente la misma que tuvimos al vivir los hechos contados.
Tirando del hilo de los recuerdos, devanando la madeja, contamos nuestra historia aportando experiencia y por tanto matices, sin perder, por ello, la veracidad del relato”.
En los recuerdos encontramos, a veces, sentido a nuestras vidas. Nos reencontramos con nosotros mismos en los gestos sencillos, en los momentos pequeños que nos definen con mayor claridad, en los matices que percibimos al evocar el pasado. Quedamos retratados con fidelidad en las instantáneas de la memoria. Son la sal de la vida.
La nostalgia está de moda. Las emociones, crecientemente valoradas, son su fundamento básico, fomentando la idealización de nuestro pasado, recordándolo con rasgos esquemáticos que pueden ser demasiado simples, impidiendo verlo con exactitud. Promociona la autoestima al percibir una identidad apreciable, un pasado presuntamente original.
El sentimiento de identidad es una necesidad esencial y, por ello, no debe estar anclado en un pasado diferente al real, en una especie de paraíso que nunca se ha vivido. El pasado se percibe con un decoro y entereza de los que carece el presente y, presumiblemente, el futuro, lo que hace tan atractiva la nostalgia.
La emocionalidad no es una cualidad infantil, ni la añoranza de la juventud implica ser infeliz en la vejez. Las diferentes etapas del ciclo de la vida son singulares, no intercambiables; cada persona transcurre por ellas según sus particulares circunstancias, con distintos grados de adaptación.
Vivir instalado en el pasado es una forma de inadaptación al presente y de encarar el futuro con fuerte carga de ansiedad. Idealizar el ayer, creer que fue perfecto e irrepetible, lleva a una melancolía estéril, excesiva, que hipoteca el mañana y nos impide disfrutar de lo que hoy tenemos.

Biografía:

Tomás Martínez (1937) nunca ha publicado un libro, ni tampoco se había imaginado haciéndolo. Ahora dice que con los años ha sufrido demasiadas pérdidas, entre ellas el pudor de mostrar lo que piensa, lo que siente y cómo lo traslada a la escritura.
Aun siendo netamente diferentes, casi contrapuestas, su experiencia profesional y las aficiones más arraigadas, ha vivido ambas con intensidad, apasionadamente.
Durante unos años, sus estudios de ingeniería le llevaron a formar parte de una gran empresa de electricidad y posteriormente ejerció su vocación empresarial en el sector de automoción, con una larga actividad.
No ha estado escaso de aficiones. Lector desde siempre, presentes permanentemente el cine y el teatro. Espectador activo de música, pintura y arquitectura, indispensables en sus mejores momentos. Muy interesado en la historia. Los viajes han sido disfrute y aprendizaje, la mejor experiencia vital.
Al editar esta recopilación de notas dispersas, gimnasia de jubilado y desván de recuerdos, tiene un objetivo prioritario: “que mis cuatro nietos lo lean, lo guarden, me recuerden… y lo relean cuando ellos sean abuelos”. Nostalgia del futuro.



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