Una casa en el Quindío

Colección Novela
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Un libro de Ventura Aporta

… “Porque esta casa es, por una parte, novela romántica, de viajes, de aventuras; sin dejar de ser
de ensayo, filosófica, formidablemente dialogada, que la convierte en una etopeya coral…”
… “Y en primer plano, en primera página, el “a salto de mata“ Salterio, gente de teatro (fantasía,
ficción); gente de palabra (veracidad, lealtad): Un salteador teologal e instrumento musical (¿divino?) en el que hemos de detenernos algo más porque es, en su caleidoscópica representación, el portador central –no único– de las huellas, de las marcas de esta contienda constante y continua por desvelar lo que Tolstói tal vez llamaría ‘la fatalidad de los actos libres’…”
…“Entre construcciones de posibles paraísos se debate este polifacético Salterio que ‘empezó a
circular suelto y a la deriva de los vientos y el extrañamiento’ para ser un aquiles siempre anticipando la tragedia, enseñando impenitente el talón… un cyrano, unido y dividido en la pluma y la espada; un donjuan que clama a las puertas del cielo; un robinjud justiciero que roba a los malos tratando de redimir en el reparto; un cristo peregrino que esgrime el verbo y descansa en un Pedro primera piedra, y sufre martirio y pasión…”
… “En un lugar leemos a Marina: <<¿A esconderte o a revelarte? ¿A dónde irás?>>. Porque esta novela trágico romántica se proyecta en su héroe, sobre el que se cierne en círculos una suerte de velar-desvelar –como él mismo se oculta exponiéndose, se expone ocultándose–, que es la facultad de todo enigma: Una vez y otra; como don Eladio: <<¿No es libre, acaso?>>, pregunta; y <<Porque no me dejaron más opción>>, denuncia…”
… “Celebrar pues, por mi parte, este intento sincero a través de la mentira de la literatura, donde
lo mollar es apurar –no en el sentido de la velocidad-voracidad, pero sí hasta las heces, como el
escatológico Heliogábalo– este caldo de tinta zamorana que Ventura Aporta Barrios, José, ha tenido a bien ofrecernos como un sanjorje conjura-dragones…”
Ildefonso Fernández Areidos. (Extractos de ‘Unas palabras preliminares’).

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Biografía:

José Ventura Aporta Barrios es, completo, mi nombre. Si no fuera inmodestia daría cuenta somera de mí porque ustedes adviertan a la primera la clase de sujeto que soy y con quién se juegan los cuartos. Nací en 1959 en San Justo de Sanabria y me crié luego en Brime de Urz (Zamora). A los ocho años, a media infancia, abandoné el paraíso para pasar hambre tres años interno en Benavente. De ahí pasé a
Valladolid otros tres, esta vez ahíto, en el mismo régimen. Hijo de madre emigrante, ese verano, en Hamburgo, tuve mi primer trabajo asalariado en una fábrica de sacos. Luego, ya libre, llegué a Valencia. Conocí ciertas estrecheces que no me amilanaron. Estudié en instituto nocturno bachillerato y COU. Al tiempo, anduve de botones en una empresa química; fui ferrallista; operario constructor de ferrocarriles de vía estrecha; vendedor de sprays para zapatos, de bolsas de basura; engrasador de persianas metálicas; limpiacristalero… E inicié, en Arte Dramático, mi formación de actor. Un amor no correspondido con el director, empujó a éste a echarme de la Escuela, y a invitarme a probar otras formas de teatro. Lo hice y las probé. Resultaron maravillosas. Dirigí y actué, y según las veces, también hice guiones y toqué palos diversos a cual más apasionante: pasé la gorra y gané dinero suficiente con tres antorchas en la mano, echando fuego por la boca, y unas cuantas acrobacias. Pulsé, con devoción y
raro éxito, el teatro clásico con Shakespeare y el muy eficaz Tenorio de Zorrilla. Se me vio actuar con otros músicos y actores por todo el oeste de Francia y por media España. Dos cursos de Filología Hispánica, y la asunción definitiva de que la Academia me devuelve (o vomita) siempre a la calle. Me casé como cualquiera, y el no desear arrastrar conmigo a nadie a una vida de estrecheces, me llevó a la pintura mural. Pinté fachadas y deslunados (a la postre, el alambre y el andamio fueron siempre lo mío), naves industriales, casas, pisos y hasta señalética horizontal. Lo pinté todo durante años y fui escribiendo; y vendiendo arte gráfico original; y útiles y maquinaria agrícola; y cursos a distancia; y a producir algún spot televisivo; a vender publicidad y a escribir artículos sobre motor (que qué falta me hacía: mucha) en el diario “Las Provincias”. Luego, la vorágine se aquieta y remansa cuando me hago conductor de altos cargos y me dedico a mover políticos tecnócratas de un destino a otro en coches cargados de kilómetros. Me dedico a conducir y a esperar, como un cazador que acecha.



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