Vivencias entre escopetas y fogones

Colección Relatos
Un libro de Nicolás Arellano Tejero y Ángel Valaer Rubio

Estoy empezando de nuevo. Voy al colegio de mayores a estudiar, y me permito hacer lo que no tuve la oportunidad cuando era joven. Estoy recordando mi vida, el periplo de todos mis empeños, aquellos que he realizado siempre con el trabajo duro. Ahora acabo de escribir unas recetas de cocina. Mi ahijado me dice que apunte todo lo que se me ocurra, y la verdad es que en ello estoy, y que la empresa me tiene pero que muy distraído, entre lápices y folios, disfrutando como el niño que nunca pude ser.
Mi vida ha sido así, un reguero que siempre ha ido transcurriendo entre amigos, escopetas y fogones; guisos, hurones, tórtolas y cananas de cartuchos del calibre doce con plomo del número seis para los conejos y las perdices de invierno, aquellas que se te arrancan lejos, en un estruendo de plumas aupadas al aire mientras restellan sus alas contra el cuerpo aterido, patirrojas resabiadas ya de los perros cuando va terminando la temporada, lindando siempre el viso, mientras que lo coronan y luego lo bajan faldeando, ocultándose en un último vuelo largo por las parameras abiertas, confundido el dorso entre los terrones pardos del barbecho yerto.
Pasando los años, yo llevaba a mi perrita Cati, que hacía una labor estupenda, pues además de levantarme los pájaros, me los traía. ¡Si buena era en la postura, mejor en el cobro!. Se recogieron ochenta y ocho agachadizas y después, de anochecida, estuvimos por la marisma y se mataron dos machos muy bonitos de patos reales. ¡Lástima que estas cacerías se perdieran hace años!
Cierro los ojos y al cabo del tiempo, fijado en la retina absorta de los recuerdos, aún veo a la cuadrilla trabajando y a mi Cati levantando becacinas cuando íbamos batiendo, y luego ¡aún casi sigo escuchando el bonito siseo que hacen al levantar el vuelo! Un día de gozo, aquél.
A la vuelta, en la barca, con las retinas aún encharcada de los lances que la ilusión de la escopeta repite siempre tras una jornada fructífera en especies, nos quedaban comentarios para la reunión sobre las bonitas posturas de las agachonas arrancándose del aguazal, de lo radiante que estaba la marisma de azul pálido mientras atardecía entre cuchillos rojos desvaídos de un sol macilento de otoño; y tras el crepúsculo cárdeno, el sonido de los patos entrando en los muros, cuando tras el encare apresurado y el tiro a tientas, adelantando la mano en la penumbra, daban el pelotazo al agua, y un eco hacía estallar en mil lascas el cristal de espejo del estero absorto…

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Biografía:

Nicolás Arellano Tejero, es el autor protagonista de este relato que se narra en primera persona; curtido en la universidad de la vida, polifacético y autodidacta, ha trabajado en un sinfín de oficios y profesiones desde muy niño, sin cansarse
nunca de aprender, por lo que ahora retoma la pluma olvidada en el pupitre de su niñez de postguerra para regalarnos su vivencias. Además de su dedicación al trabajo y a su familia como esposo, padre y abuelo, supo disfrutar del tiempo libre junto a sus amigos de reunión, que los que siempre ha estado compartiendo dos de sus aficiones favoritas: la caza y los fogones para un buen guiso de cuchara en el campo macerado entre brezos, mejorana y romero, y mediando un buen vino en la bota curada. Amante de los animales: perros, hurones…Siempre generoso con todos, también fue Presidente destacado durante muchos años de la Peña de Cazadores de Cádiz. Indiscutiblemente un hombre bueno.

Ángel Valaer Rubio, estudió Medicina y actualmente ejerce como especialista en Psiquiatría, Sexología Clínica y Psicoterapia. Ha publicado artículos científicos especializados en el sistema nervioso y ha cursado amplios estudios de máster y especialidades en Psicología, así como varias tesis doctorales con las que optó a los títulos de Doctor en Medicina y Cirugía y Doctor en Ciencias Biológicas. En la actualidad reside en la Bahía de Cádiz y compagina ambas dedicaciones: el diván y la consulta de psicopatología junto a las salidas y viajes profesionales para la observación, la fotografía y el estudio de la naturaleza por todo el mundo. El pasado año publicó la novela: “Una historia a trazos de carboncillo”, y durante este año, tres cuadernos de poemas reunidos en un libro de esta misma editorial: “Litoral de luz abierto a dos bahías”.



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