Charlamos con María Carmen Rodríguez Ricote, autor de la obra Nadie nos enseña el camino hacia la luz, publicada recientemente por Editorial Círculo Rojo.

En su obra establece que existe, además de este plano físico, otros planos de la realidad. ¿Nos puede explicar brevemente su cosmogonía?

Nos esforzamos en etiquetar, poner nombres complejos o extraños a las cosas o estudios, desgranando todo en porciones o unidades muy muy pequeñitas con la intención de comprender, de descubrir. Razonamos y pensamos de mil formas diferentes, y millones de personas a lo largo de la historia. Buscando el origen o la evolución de los grandes sistemas, del universo, galaxias o cúmulos estelares; intentando descifrar quizás la edad del universo y de la propia humanidad. A esto se le llama cosmogonía, pero además se subdivide en tipos: azteca, griego, maya, budista, egipcio, árabe, indio; con elementos comunes y mitos, en los que el universo y el caos se segregan en partes que se agrupan a su vez en fuerzas que intervienen de una forma u otra: científica, sobrenatural o divina. Todo desde una cosmovisión que depende del pensamiento y los conocimientos del momento, y que se trasmite de generaciones en generaciones. Como los mitos cosmogónicos en su entusiasmo de comprender el origen del cosmos, o los teogónicos que integran la mano de los dioses en la creación, o los antropológicos, en los que el ser humano se crea a partir de la materia.

Y así entre la cosmogonía y la cosmología buscamos dar sentido a lo que somos, a lo que nos rodea, ciencia, espíritus y planos entre el tiempo y el espacio, planos entre la materia y lo espiritual. Lo cierto es que cada uno de nosotros interpreta y se impregna de lo que cree que es posible, real o probable, pero la evolución del ser humano prosigue y la mente, las emociones, el propio cuerpo y, para aquellos que creen, la parte sutil de los seres, bailan una danza acrobática suspendida en lo que es o pudiera ser.

Nos vemos como niños intentando comprender o explicar aquello que se nos escapa al entendimiento. Sin embargo, nos aferramos con fuerza a nuestras creencias o a lo que sentimos que es verdad, bien porque lo llevamos escuchando de generación en generación como algo cultural, adquirido en el tiempo, o por otras causas, en las que juega un papel importante el miedo. Pero ¿quién tiene la verdad?, ¿cuál es la verdad?, ¿qué es lo que crees tú que me preguntas o me estás leyendo?

 

Yendo más lejos, ¿nos puede explicar su concepto de realidad?

La realidad es un compendio de lo existente dentro de un método contrario a lo que se pueda comprender como imaginario, encontrándonos con términos como concreción o estado ontológico para indicar la presencia de las cosas, en la que buscamos conexiones entre la existencia y la realidad, también se  utiliza  metafísica como estudio de la naturaleza del  ser.

Lo cierto es que es difícil de responder lo que significa «ser», ya que  es  un reto conceptual que integra filosofía, divinidad, creencia, cultura, mito, religión, patrones adquiridos o heredaros. Mas la realidad pudiera ser un concepto abstracto que se afirma cuando es percibido con los sentidos, con la mente, con variantes en cada individuo.

Puesto que la realidad no es la misma para todo el mundo, y dado que una misma situación es percibida de muchas formas, para simplificar la pluralidad al dudar de las propias percepciones se opta por asumir lo que dice la mayoría. Bien porque cuestionamos nuestras percepciones, capacidades o entendimiento; y así se suma el miedo, la parte de culpa, la vergüenza, o conceptos que nos hacen titubear ante lo que para nosotros es la realidad. Teniendo en cuenta posibles enfermedades, patologías o alteraciones que se consideran como tal e intervienen en otra realidad paralela y alterada por fármacos o sustancias producidas por el propio organismo u externas.

Así, la realidad es múltiple para las diversas personas en una misma situación, aunque ante situaciones adversas o consideradas como delito, en las que intervienen organismos oficiales o juicios, se buscan hechos o concreciones como referente de la mayoría y pruebas de diversas índoles para intentar averiguar la realidad más «real», dentro del contexto y leyes de cada país. Presentes en una evolución del ser humano, buscando lo justo o injusto en la entendida «realidad».

 

¿El bien y el mal son relativos o son absolutos que no dependen de los humanos?

Tendríamos que partir de quien, quienes o qué definen el bien o el mal. Es cierto que vivimos en comunidad y bajo unas normas de convivencia para garantizar el bienestar al menos de la mayoría, castigando los actos que se engloban en lo que las leyes y concreciones espirituales y religiosas categorizan como mal. Donde el bien y el mal, como conceptos, dan valor o sentido a los actos humanos en cuanto a valoraciones contrapuestas.

El debate entre el bien y el mal, además de estar sujeto a cultura, filosofía y entendimientos diferentes de su concepto, amplía el litigio en la propia ética de las personas y sociedades. Haciendo difícil decidir llegado a casos extremos. Lo cierto es que, al llegar a los límites, encontramos un absoluto común que delimita ambos conceptos.

 

¿Por qué es tan importante la introspección como forma de conocimiento y de salvación?

Para ello tenemos que ser conscientes de que existimos y de que en nosotros los pensamientos, sentimientos, percepciones y conductas nos identifican como individuo. En ello interviene que debemos ser conscientes de la realidad y de la relación que tenemos con ella. Si dudamos de quiénes somos y de nuestras propias capacidades estaremos perdidos en un sin rumbo infinito y sin identidad. Por ello debemos conocernos, y la historia así lo demuestra en las diferentes épocas, tiempos, culturas y generaciones; el propio afán del hombre mediante la ciencia y la religión de conocer qué o quienes somos. Así, el conocimiento y la salvación como conceptos engloban categóricamente ciencia y religión; dada la evolución de los seres vivos, se va adaptando, ampliando y corrigiendo con el paso del tiempo. La inclinación de esta balanza depende del libre albedrío del individuo que decide su propio camino.

 

¿A qué se refiere cuando habla de “el camino hacia la luz”?

Queramos o no, desde que nacemos crecemos, convivimos, aprendemos, nos caemos y nos volvemos a levantar. El paso del tiempo se refleja en nuestro cuerpo, creamos y descubrimos el mundo que nos rodea. Estudiamos y vivimos en sociedades que nos engloban como parte de la realidad que vivimos. Mediante los medios de comunicación alcanzamos de punta a punta el planeta,  e incluso más allá de las estrellas. Un mundo que se amplía y globaliza cada vez más como uno solo que debe perpetuar la especie humana y las diferentes formas de vida. Más todo esto al igual que nos acerca nos aleja, donde el equilibrio sería el óptimo resultado para la convivencia global de las especies.

La luz y la oscuridad siguen siendo conceptos creados por el pensamiento del hombre para discernir lo que está bien de lo que está mal. Mi libro El camino hacia la luz solo pretende dar a conocer las posibilidades que hay, a prestar atención a la “duda”, a que todo es más de lo que nos delimita nuestras percepciones y el propio egoísmo del ser humano. Todos estamos en este mundo y de todos depende que hagamos de él algo bueno para la propia humanidad y las diferentes formas de vida, comenzando por nosotros mismos aportando lo mejor que llevamos en nuestro ser.

 

¿Cómo recomendaría Nadie nos enseña el camino hacia la luz a sus potenciales lectores? ¿Está dirigido el libro a un público concreto?

Soy una persona curiosa e incansable de aprender de todos y de todo cuanto me rodea, siempre me he preguntado el porqué de hasta lo más insignificante. Mi deseo de comprender y aprender nunca se cansa. Cada día descubro pequeños detalles que cambian conceptos, respuestas y preguntas, ampliando mis propios conocimientos.

La curiosidad y la inocencia de un niño son infinitas, al igual que su imaginación. Una imaginación que va de la mano con los sueños, sueños de hacer imposibles que con el paso del tiempo se han hecho realidad; como volar, la propia tecnología y un largo etcétera.

Si somos capaces de todo eso y mucho más, ¿hasta donde podríamos llegar si nos lo propusiéramos? ¿Seremos capaces de encontrar ese equilibrio que discierne entre el bien y el mal?

Si tienes esas preguntas y curiosidad por aprender, este es tu libro: Nadie nos enseña el camino hacia la luz. No es cuestión de que te guste leer o no, de que te guste un tipo u otro de lectura. No hay lectores potenciales o un público en concreto. Se trata de emprender un viaje al único rincón del cosmos en el que puedes alcanzar todo tu potencial siendo tú mismo, un viaje en ti, hacia la toma de consciencia de tu ser.

 

¿Podríamos considerar Nadie nos enseña el camino hacia la luz como un libro de autoayuda o de crecimiento personal?

Hoy en día están muy de moda esos términos, al igual que los cursos y estudios que nos ayudan a comprender nuestra propia forma de pensar o de sentir, a reflexionar sobre los condicionamientos a los que hemos cedido. Según vamos creciendo y evolucionando como especies, las posibilidades se abren en miles de caminos aparentemente diferentes. Pero, cuantos más responsables nos hacemos de nuestra propia vida en todos los niveles, más conscientes somos de lo que define la palabra “vida”, la palabra “ser”. Así como física, mental o emocionalmente, conocernos implica resolver nuestro malestar siendo conscientes de que depende de nosotros mismos esa decisión. Toda acción que se realiza para mejorar o potenciar las capacidades o cualidades de uno mismo amplia la consciencia de lo que somos y de lo que somos capaces de ser. Si al leer mi libro te sientes así, así es al menos para ti.

 

Ha escrito ensayo, poesía, microrrelatos… ¿Hay algún género que le gustaría trabajar?

Cuando escribo, no pienso en categorizar nada de mis letras. Me dejo fluir y que lo que tenga el deseo de cobrar vida entre tinta y signos lingüísticos la cobre. Nunca me planteo géneros, todo va siendo sin ningún propósito más que el de comprender y expresar aquello que me rodea.

Si es cierto que tengo muchas propuestas de biografías y sucesos cercanos como para escribir bastantes libros. Pero mi mente y todo mi ser están dispuestos a que lo que surja y sienta que puedo  transmitir de una forma aséptica, transparente y reflexiva sin juicios, así lo haré… así lo escribiré.

 

¿Algún proyecto en ciernes?

Siempre tengo algún libro ya comenzado, que queda pendiente ante el libro que sale a la luz. De momento, el secreto de lo que es o pudiera ser queda en el aire. Ya que es posible incluso que comience a la par otro más fluido.

 

¿Cuáles son sus principales influencias literarias, filosóficas y artísticas?

No quisiera nombrar algunos sí y otros no, ya que he leído desde niña la parte que me emocionaba de cada uno. Unos textos me inspiraban más que otros y unos escritores más que otros. Pero todo empieza en la niñez, con los cuentos y las fábulas, los cuentacuentos, los trovadores y los juglares.

Mucho antes de la escritura, las historias se trasmitían alrededor de una hoguera de generación en generación. Realidad e imaginación que calentaba y alimentaba los sueños y los imposibles.

Me han llamado soñadora, pero os invito a mirar a vuestro alrededor. No hace falta movernos para ver y comprender que estamos rodeados de los sueños e imposibles de otras personas que a día de hoy utilizamos como algo normal.

Mi influencia es la propia vida y las vivencias de todo cuanto me rodea, en letras, en dibujos, en arte, tecnología, etc. etc.

 

¿Ha recibido ya algún feedback de los primeros lectores?

Ya son muchos los que han leído mi libro Nadie nos enseña el camino hacia la luz, y tanto en persona como en las redes sociales han hecho públicas sus impresiones.

A día de hoy me satisface decir que mi granito de arena se engloba en la tierra y germina como una semilla, esa gota de agua que en el océano parece no verse y sin embargo se globaliza con los propios océanos.

Sencillamente, soy instrumento para aquellos que quieran ver y sentir más allá de los sentidos. Hacer de mi libro suyo, escribiendo y subrayando como parte de ellos mismos, me hace realmente feliz.

 

¿Quién es?

María Carmen Rodríguez Ricote

Nacida en Madrid (España), es única transmitiendo y hablando de los sentimientos que a tantas personas nos cuesta expresar. Sus escritos acarician el alma con la sutiliza de las emociones y una frágil sensibilidad que te enganchará. Propietaria y administradora de Impar­site, dedicada a la autoayuda y crecimiento personal desde enero de 2018. Profesional en área de salud y bienestar, mindfulness, coaching familiar, dinámicas de inteligencia emocional en el ámbito familiar, coaching nutricional, fitness y preparación física para la salud, autoconocimiento y desarrollo personal, psicología, estudios en intervención psicosocial con familias con dificultad o riesgo social, formación para la igualdad, adoles­cencia, sexismo y violencia de género. Estudios como analista de laboratorio, recuperación muscular. Diseño, creación y mantenimiento de webs y blogs.

Escribe poesía, cuentos para niños, microrrelatos, géne­ro de humor, narraciones y textos en su blog personal (https://imparsite.wordpress.com ), edita y publica ví­deos de voz propia en su canal de YouTube Imparsite.

Autora de Tu presencia es impar, un libro reconocido como un viaje reflexivo a través de las emociones (2018). Ha colaborado en la publicación de otros libros como Amor imposible (2005). En anécdotas divertidas, ¿Me pone con el cielo? (2008), con prólogo de Gomaespuma, cuya recaudación es íntegra para la ONG que dirigen. En Porciones del alma (2015). En poesía, Luz de luna, poe­sía erótica y Poeti e Poesía, con sede en Roma en Reflejos (2016). En El año en que escribimos peligrosamente (2018).

La calidez con la que enlaza las palabras y compone sus textos acarician los sentidos, acunando y consolando las emociones calladas. Leerla u oírla es encontrar la calma y la paz que hay en ti.

 

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