Juan Luis Rodríguez Luque publica “¡El árbol de la vida, ciegos, el árbol de la vida!”, un trabajo reflexivo de una década.

Un libro dirigido a lectores que aún se preocupan por encontrarle un sentido a la vida, capaces de creer en un mundo mejor con el paso de las generaciones.

CÍRCULO ROJO.- “¡El árbol de la vida, ciegos, el árbol de la vida!” publicada en Círculo Rojo Grupo Editorial, el lector va a encontrar en la primera parte el significado de lo que representan las historias y personajes más conocidos del Antiguo Testamento. Por ejemplo: “Adán es el ser humano o humanidad; y Eva es la Sociedad. Por tanto, no existe superioridad del varón sobre la mujer”. Que el objeto de toda la Biblia no es fundar una ‘religión’, sino promover el ‘derecho y la justicia’ a escala universal.
En la segunda parte, el Liberalismo y el Socialismo, vástagos de la cristiandad, portan idéntico objetivo, y a pesar de sus luces o buenos intentos también se encuentran hoy con una sensación de frustración o fracaso.
El autor, Juan Luis, nos invita a tomar conciencia de la realidad y a lo que nos enfrentamos actualmente; necesitando evolucionar hacia una sociedad más responsable, libre de alienaciones, facciones e idolatrías.

SINOPSIS

Tres poderosas fuentes han ido nutriendo, entre lo escabroso y torcido, nuestra civilización. Un manantial que hoy parece menguar mientras una masa de población camina entre la incertidumbre y la desorientación, de espaldas a sus beneficiosos efluvios.

Desempolvar su esencia, constatar desviaciones y funestas consecuencias; radiografiar la estructura y necesidades, tanto del ser humano como de Eva, su costilla colectiva, hasta remarcar la senda que conduce, con seguridad, hacia la meta históricamente anhelada es la pretensión de este libro.

AUTOR

Juan Luis Rodríguez Luque, nacido en Antequera en el seno de una familia de trabajadores, donde el respeto, la honradez y una fe religiosa carente de fanatismos, contribuyeron a un crecimiento personal sin pesados traumas. Magisterio en Granada gracias a la acogida de un tío materno. Ir madurando me llevó a cuestionar la falta de claridad y profundidad en los sermones dominicales. También, a ver la incoherencia del régimen con respecto a la justicia social o los auténticos valores patrios, teniendo la suerte de encontrar personas de hondo calado que me ayudaron a leer los Evangelios en clave del hombre nuevo.

Con la UNED descubrí la sociología, porque las leyes soslayan las causas del delito y la escuela, atenazada por el formalismo y el excesivo peso de las calificaciones, difícilmente trabaja el pleno desarrollo de la personalidad orientada a establecer «un orden social e internacional que haga efectivos los derechos humanos». Como maestro de escuela, procurando mejorar sin perjudicar innecesariamente al alumnado. Practicar la democracia con el PSOE, PSA e IU, y acceder al cuerpo de secundaria en la especialidad de Intervención Sociocomunitaria me permitió una mayor aproximación a la problemática de determinados colectivos y colaborar un tiempo en una asociación de vecinos, escorada ya, en esa época, al sectarismo político.

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