Reseña «Las pesquisas del trapero», de Manuel Cabezas Velasco

Antes de nada, hay que aclarar que Las pesquisas del trapero es la continuación de la novela anterior de Manuel Cabezas Velasco, La huida del heresiarca, con la que inició su particular apuesta por reivindicar, recuperar y divulgar, aunque sea en forma de ficción, el pasado judío de su ciudad, Ciudad Real. Aunque esta segunda entrega se puede leer y entender perfectamente sin haber leído la anterior, es recomendable hacerlo para comprender en toda su extensión y complejidad las múltiples tramas y las problemáticas que se desarrollan. Además, todo parece indicar que habrá una tercera obra que sirva de cierre al proyecto.

Pero, eso sí, es una continuación algo sui generis, pues las tramas se desarrollan por otros caminos y se amplían los contextos, aunque deambulan algunos de los protagonistas de la primera obra.

Tuve el placer de leer La huida del heresiarca cuando se publicó, a finales de 2019, y quedé gratamente sorprendido tanto por la fantástica historia que cuenta como por la excelente ambientación y contextualización y por el ingente trabajo de investigación histórica que desarrolló Manuel Cabezas Velasco. Y ahora, dos años después, esta nueva entrega, también publicada por la editorial Círculo Rojo, destaca por los mismos motivos.

Sin entrar en mucho detalle, la acción se desarrolla unos años después y tiene como protagonistas a dos de los personajes anteriores: Ismael, aprendiz de librero e impresor —aprendió con Eliezer, el heresiarca que huyó de la inquisición—, y su pareja, Cinta, hija de un soldado aragonés y antigua esposa del soldado Alfonso García. Estos, tras separarse de sus amigos, perseguidos por la Inquisición española por sus creencias religiosas, y huir furtivamente por su amor prohibido, tuvieron un hijo (Juanillo) y se ven obligados a permanecer en la sombra y en constante huida por miedo a ser también apresados. No en vano, la trama comienza unas semanas antes de que se ejecute el edicto de expulsión de los judíos, que firmaron los Reyes Católicos poco después de tomar el Reino Nazarí de Granada, el 31 de marzo de 1492. Nuestros protagonistas llevaban un tiempo viviendo en la localidad de Almazán, pero pronto deben emprender de nuevo el camino, tanto por su seguridad como por un anhelo que reconcome a Ismael… un anhelo relacionado con el amigo Eliezer. Además, su hijo, Juanillo, va creciendo, encuentra el amor y…

Hasta aquí puedo leer. Como comprenderán, no puedo desvelar más de lo estrictamente necesario el contenido de esta novela. Si quieren saber más, ya saben, tendrán que hacerse con un ejemplar. Les aseguro que no se arrepentirán. Solo les digo que la novela se desarrolla a lo largo de varias décadas, en las que entran en acción algunas tramas de la novela anterior… y un montón de novedades.

Destacar, como en su obra anterior, la manera en la que el autor juega con los tiempos y dosifica la información para que vayamos conociendo el trascurrir de la acción. Se trata también de una novela coral, repleta de personajes, de nuevo construidos con precisión y con un mundo interior trabajado, realista y creíble. Además, dado que la obra abarca un periodo de tiempo considerable, estos evolucionan acorde a los acontecimientos que van viviendo; ojo, esto no es nada fácil: una cosa es crear personajes, que tampoco es sencillo, y otro dotarles de vida. Esto, como comprobarán si leen la obra, lo consigue el autor a las mil maravillas.

Por supuesto, como debe ser en una buena novela histórica, los contextos geográficos y temporales en los que se desarrollan las tramas están perfectamente construidos y descritos—algo que, repito, ya caracterizaba a La huida del heresiarca—; sobre todo, gracias a la ardua labor de investigación histórica y a los profundos conocimientos históricos que posee Manuel Cabezas Velasco. De este modo, el lector experimenta una atmósfera inmersiva que le permite desde el primer momento vivir la historia como si realmente estuviese allí, a lo que sin duda ayuda que los personajes protagonistas (como los secundarios) sean tan creíbles. El lector, así, empatiza con ellos, con sus historias, sus aspiraciones y sus miedos, y sufre o disfruta sus tribulaciones como si las estuviese viviendo en sus propias carnes.

Ya por último, comentar la explícita crítica que el autor expone en torno a la persecución que tanto judíos como musulmanes sufrieron en esta conflictiva época de la historia de España. Muestra con crudeza las prácticas de la Inquisición y las terribles circunstancias que vivieron tanto los ajusticiados como los rebeldes perseguidos.

En resumidas cuentas, estamos ante una excelente segunda parte, posiblemente mejor que la primera (no en vano, se nota que el autor se siento más cómodo y que ha mejorado sus ya notables virtudes literarias), y ante una brutal y monumental novela histórica que, sin duda alguna, encantará tanto a los amantes de este género (cada vez más, afortunadamente) como a los lectores en general, ya que tiene de todo: intriga, amor, drama, tensión…

No se la pierdan.

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