Anaitía

Colección Novela

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Un libro de Jósant Ferrándiz

Pese a que esta ficción es la prehistoria, la concepción, la gestación y el nacimiento de una niña llamada Anaitía (palabra griega que se traduce por Sinculpa), no se trata de una novela de tiempos, sino de espacios: sí; de la creación de espacios utópicos en tiempos distópicos. Una asamblea de adolescentes (que bien podrían ser niños, jóvenes, adultos o ancianos) se sitúa al filo de la ilegalidad con tal de evitar la violencia, la imposición, el maltrato, el machismo, el fanatismo, el asesinato, el terrorismo…, y por estar al lado de la justicia, de la igualdad, de la libertad, del inicio de espacios para la convivencia y el consenso, frutos de la Lógica.
Aprendimos a aceptar dogmas que eran la cuadratura del círculo, a someternos al sentimiento de culpabilidad por el mero pensar en la sexualidad, a ponernos barreras que solo nos dejaban mirar…; y no nos educaron a contemplar los valores, la sensibilidad, el respeto, la escucha, la belleza del encuentro, el arte de ser dos en uno, el don de la diversidad… ¿Eliminaremos todas la dianas para que nuestra mirada, sin arrugas y como flecha disparada, nada ni nadie la detenga?
La novela camina por la vereda de la fusión entre materialidad y espiritualidad (algo así como la traducción al lenguaje y sentido actuales que hoy haría el poeta Miguel Hernández de El cantar de cantares), y su trama es, a la vez, imperfecta y necesaria para la situación actual del Ser Humano, aparte de que, a través de su estructura tan ramificada como la de El Quijote, es un canto a la Radio, al Teatro, al Cine, a la Lógica y a la Evolución (lo perfecto no es lo dogmático, siempre estático e inamovible, sino lo que cambia sin final: Todo se transforma, canta Jorge Drexler).
Esta novela puede herir la sensibilidad de algunos lectores.

Biografía:

Jósant Ferrándiz Hernández (Benijófar, Vega Baja del Segura, 1946) ha dedicado parte de su tiempo a hacer un fchero sobre el habla en el Bajo Segura. Se licenció en Teología por la Universidad Pontifcia Salesiana (sede de Barcelona) y en Filosofía por la Universidad de Valencia. Es miembro fundador de la Asociación de Autores de Teatro (AAT), sección autónoma de la Asociación Colegial de Escritores (ACE).
Mantuvo una intensa amistad con Buero y con Josefna Manresa, viuda de Hernández: a través de ellos, se especializó en las circunstancias en las que Antonio dibujó a Miguel en la cárcel madrileña Conde de Toreno y en los últimos años del poeta oriolano. Estudió Interpretación de voz en la Escuela de Doblaje de Salvador Arias.
Ha hecho cursos por libre (sin matrícula) y ha asistido a conferencias y tertulias sobre Educación sexual en niños, adolescentes y jóvenes. Desde 1966, en que impartió clases como Profesor Auxiliar de Letras en el entonces Instituto Laboral de Sueca (hoy, IES Joan Fuster), donde realizó el Taller de
estilo literario, ha estado dedicado al Asociacionismo juvenil, siendo impulsor, junto a otros monitores, del Centre Juvenil Sant Andreu (Barcelona) y del Centre Juvenil Elx (Alicante). Durante 40 años ha sido profesional de la docencia en las asignaturas de Filosofía, Ética, Literatura, Taller de teatro y de la mal llamada Religión (él siempre dejó claro a sus alumnos que lo que impartía, a través de mesas redondas, era “Aula de valores humanos o cristianos” -son los mismos-): unos 12.000 adolescentes y jóvenes pasaron por esos colegios, institutos, centros juveniles, encuentros, campamentos, conjuntos de folk y cuadros de actores de teatro.
Se considera un gafe de la edición, pues solo tiene publicado un 3% de lo que ha escrito: su obra La noche, para los lobos ganó el Primer Premio de Teatro Ciudad de Alcorcón en 1986, pero años más tarde, con otro partido regidor en el ayuntamiento, se negaron a publicarla por su contenido crítico; un año antes de que se rodara la película argentina La noche de los lápices, escribió una obra de teatro con el mismo título, que recibió una mención honorífca en la Universidad de Illinois (Chicago) y
que más tarde, sin previo aviso, apareció editada en Costa Rica; en 1987 se le otorga el Premio de Teatro Cabildo Insular de Gran Canaria por la obra La ternura de dos cantos rodados, cuyo premio consistía en la puesta en escena en el Pérez Galdós, de Las Palmas: a más de 33 años del fallo y pese a sus continuas llamadas a los responsables, nadie sabe nada y aún sigue esperando dicho estreno; ha escrito varias piezas para los alumnos de Taller de teatro que se han representado en festas escolares y juveniles, pero todas siguen inéditas: Aún podemos viajar a Ítaca, El que da la vida por su pueblo, Mi casa es tuya, Cómicos de locura, Cómicos muertos de risa, Nadia es alguien, Si rompieras tu espejo, Todo un tren de sombras; su libro de poemas, Pasto del rocío, también permanece inédito. Se considera cura (no sacerdote) soltero (ya que el celibato es una opción libre, no una imposición) y creyente arreligioso (que no acepta dogmas ilógicos, ni contenidos religiosos o sagrados al margen
de la realidad y de la verdad, pues Jesús de Nazaret fue el gran laico y rompedor con la estructura religiosa).



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