El Castillo de San Blas, un sueño dormido

Colección Historia
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Un libro de Plataforma San Blas. Sumando sueños

Puede haber sueños sin arte, pero no hay arte sin sueños.

Sea cual sea la intención, o la ausencia de esta, el arte es primero un sueño en la mente del artista, una chispa, una luz parpadeante o un paisaje enteramente iluminado y claro. A veces, el arte soñado se cumple.

Así se cumplió en el Castillo de San Blas, soñado primero, de forma consciente, poco definida, por su dueño, quien lo transmitió a su artífice. Fue entonces cuando ocurrió algo inusual, pero no único: el artista soñó el arte en un sueño dormido. Ya despierto, capturó lo soñado en sus apuntes y esbozos de arquitecto. El Castillo de San Blas nació en un sueño y se hizo realidad, y lo realizado acabó superando al sueño. Su belleza inicial se acrecentó con el paso de las estaciones, con los toques y retoques que le fue dando la naturaleza en su manera de embellecer con improvisado equilibrio. Y el tiempo terminó el trabajo, fundiendo lo construido y su enclave en una visión de cuento real. Sus hacedores lo habitaban y lo disfrutaban, y el arte resplandecía.

Hoy, el Castillo de San Blas vuelve a ser un sueño dormido, como una triste metáfora de su origen. Dormido contra la voluntad de quienes lo soñaron, dormido por olvidado, abandonado, descuidado, dejado a la suerte del tiempo, que cuando actúa solo, avejenta y deteriora sin una mano que lo guíe. Dormido está, ahí, el sueño que fue el Castillo de San Blas, en un largo dormir del que espera pacientemente despertar para conservarse, para salvarse; para ser admirado, disfrutado.

Soñemos que despierta suavemente y se salva de peores estragos que el tiempo le pueda traer, soñemos que sobrevive y pervive, que se rehabilita y se cuida. Soñemos para visualizarlo, hasta que regrese el arte a cumplir el sueño.

Biografía:

El Castillo de San Blas, también conocido como Castillo de Valdés, por haber pertenecido a esa conocida familia de la burguesía ponferradina, es una construcción de recreo de fábrica caprichosa y bella, imitando una fortaleza antigua, de estilo neogótico, relacionado con las estéticas medievales y con el movimiento romántico.

Capricho y lugar de recreo de otro tiempo, su emplazamiento privilegiado, rodeado de frondosa vegetación, a orillas del río Boeza y al borde del camino de Santiago, hacen del lugar un espacio idílico de indiscutible encanto, que sin duda merece ser rescatado del abandono, protegido y disfrutado.

La finca de San Blas y su castillo son y serán siempre un patrimonio de la Fundación Fustegueras por voluntad testamentaria de su último propietario, pero son también patrimonio de Ponferrada y patrimonio cultural, y, como tal, es un legado común en cuya protección, valoración y activación debería participar el conjunto de la sociedad.



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