Recuerdos de un leonés de adopción. Exiliado sin razón

Colección Relatos
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Un libro de Miguel Domínguez

Allá por los años sesenta del siglo pasado, en nuestra querida España había un gran movimiento migratorio provocado por la escasez de trabajo en según qué regiones, ya que otras (dos, en concreto) eran promocionadas por el Régimen, afín de mantenerlas políticamente tranquilas, proporcionándoles todo tipo de facilidades para industrializarse, ayudadas por la gran aportación de mano de obra de las regiones menos favorecidas. Pero no todas las migraciones fueron por causas económicas. En el caso del protagonista de este relato, que tuvo que marchar de Madrid con apenas dos años, fue a causa de la discriminación que sufría su padre al haber pertenecido al ejército republicano, pues en él estaba haciendo la mili al estallar la Guerra Civil. Después de más de doce años instalados en León capital, donde vivían sin penurias, con negocio propio, un colega del gremio de su padre debió descubrir el pasado de éste y aprovechó para desbancarle del proyecto de panificadora industrial que estaban preparando, justo el año antes de la visita de Franco, lo que provocó el abandono del negocio de forma fulgurante y verse obligado a exiliarse a Suiza, arrastrando a su familia con él. Este es el relato del protagonista desde su niñez en León, pasando por los diferentes lugares fuera de su país, donde nunca se sintió extranjero, hasta el retorno a España años después con su recién formada familia, para seguir aplicando los conocimientos adquiridos fuera, desarrollando su trabajo en otra región española, Cataluña, donde reside desde entonces.

Biografía:

L. M. Domínguez (Madrid, 1947). Ya desde su niñez mostró interés por las manualidades que le hicieron crear y construir todo tipo de artilugios que veía en los libros o revistas que caían en sus manos. Este hecho propició que su vida laboral discurriese en empresas constructoras de maquinaria “a medida”, completando su formación con cursos por correspondencia o presenciales nocturnos, pues la escuela la dejó a los catorce años, al exiliarse. Ya plantó varios árboles y tuvo dos hijos. Ahora tocaba escribir un libro para cumplir con el dicho



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