Tartesios, íberos y celtíberos: sus escrituras y su lengua

Colección Investigación
Un libro de Juan Ramón Rivera

Este ensayo no es más que la demostración empírica, argumentada, contextualizada y comentada, de una aseveración de don Manuel Gómez-Moreno en su obra La escritura ibérica y su lenguaje, 1948,: “Tardíamente, gracias a las inscripciones, conocemos algo de su lengua que, no parece ser todavía ininteligible, parece de tronco indoeuropeo y más afín al griego que al latín”.
En este trabajo, no sólo se comprueba el origen indoeuropeo de la lengua ibérica, sino también de las llamadas tartesia y celtíbera, demostrando que las tres pertenecen a la familia indoeuropea y son próximas a las lenguas del grupo griego: micénico, arcaico, épico, jonio, dórico, eólico, beocio, lacedemonio y ático.
Aun más, se evidencia de que no se trata de tres lenguas: tartesio, íbero y celtíbero sino de una sola, tal como acertadamente intuyeron von Humboldt, Hübner y Schuchardt, con las lógicas evoluciones temporales y sus modismos dialectales; de manera que preferimos hablar de lengua ibérica o, mejor, simplemente íbero.

Biografía:

Juan Ramón Rivera es un estudioso que ha desempeñado trabajos en el sector de la banca y de la industria alimentaria sin abandonar nunca su visión humanista y humanitaria de la existencia. Nacido en Huelva en 1959 y educado desde 1961 en la localidad barcelonesa de Sallent, se considera catalán natural de Huelva.

Su formación es amplia y autodidacta. Amplia por lo vasto de su contenido, su insaciable curiosidad y la cantidad de campos que abarca. Autodidacta porque, desde que siendo estudiante de filosofía en la Universidad de Barcelona dos profesores le invitaron tajantemente a abandonar sus estudios por causa de las insalvables discrepancias en cuanto al fondo de la misma filosofía y sus métodos de enseñanza; Juan Ramón convirtió en lema de su aprendizaje aquello que leyó en una de las últimas entrevistas concedidas por Martin Heidegger: la recomendación a los jóvenes que quisieran aprender filosofía de que no fuesen a la universidad y que leyesen únicamente a los filósofos griegos.

Los clásicos han dejado una marca indeleble en el pensamiento del autor, como también lo hicieron sus maestros de latín y de griego. Su pasión por el mundo íbero nació a principios de los años 70 del siglo pasado ayudando a excavar el poblado de El Cogulló enclavado a orillas del río Llobregat.

Lo íbero, las lenguas paleohíspánicas y su insaciable necesidad de aprender y comprender le han llevado al lugar en el que está, estación de paso hacia nuevas metas que, a buen seguro, no dejarán de sorprendernos.

Ha colaborado, amparado bajo el seudónimo de Ramón de Fussimanya, con Juan Carlos Vicente en la publicación de La crisis de los borregos, una reflexión acerca de los orígenes, las connivencias y las posibles soluciones a esta ola de neoliberalismo que nos invade.



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