Donde las razones se pierden y no se encuentran, aparece La música que somos. Surge la esencia oculta que habita en cada uno de nosotros sin querer hacerse notar, como el agua en los paisajes desérticos, invisible a los ojos que solo ven pálidas dunas arrastradas por el viento hacia un destino incierto. Así ocurre con quienes han llegado al mundo sin presencia en el paisaje, sin melodías que los describan ni instrumentos que los expresen. Son los silencios sin forma, los que viven encerrados en la gran discapacidad, las víctimas de la inocencia, los marginados por una sociedad que los empuja a la soledad. Ellos son los protagonistas de este libro, en el que la autora nos invita a conocerlos y a sensibilizarnos con su realidad, una realidad que podría ser la de cualquiera, pues nadie puede asegurar estar libre de ella. Es la búsqueda de respuestas espirituales y administra-tivas más allá del muro. Es el grito desarmado de familias sufrientes que viven en volca-nes de bocas enterradas.