Reseña «El metro del Vallès», de Susanna Sancristòfol Cervelló.

En cierta ocasión, alguien dijo que la realidad es más extraña que la ficción. Y, en parte, así es. La literatura lo ha demostrado en innumerables ocasiones. En lo cotidiano, en el día a día, en casi cualquier rincón de nuestras ciudades y pueblos, podemos encontrar historias increíbles y fascinantes.
Un buen ejemplo es esta fantástica obra, El metro del Vallès, de la autora Susanna Sancristòfol Cervelló, escrita en catalán y publicada por la editorial Círculo Rojo.
Como su propio título indica, el contexto en el que se desarrolla la acción —o, mejor dicho, las diferentes acciones— es la línea de metro del Vallès que une Barcelona con el Vallès Occidental, con Terrasa y Sabadell. Nada más cotidiano y rutinario que esto, una línea de ferrocarril; pero, como decía, ahí, en la más absoluta realidad del día a día, afloran y explotan las diferentes historias que se narran en esta poliédrica y riquísima obra. Sin entrar en mucho detalles, les dejo un breve resumen de cada una de ellas:
Laura, una atractiva mujer de cuarenta años, madre de dos hijos y casada con Robert, al que había conocido veinte años atrás en Terrasa. La relación nació, precisamente, en la estación de metro, donde cada día coincidían para ir juntos a la universidad. Pero Robert era sistemáticamente infiel, y Laura, desolada al enterarse, termina tomando una decisión trascendental que precipita los acontecimientos…
Marina y sus dos hermanas mayores, Carme y Joana, heredaron de sus padres un pequeño bar en el centro de Rubí. Todas tuvieron vidas complicadas por distintos motivos, y Carme se acababa de enfrentar a un terrible cáncer, que, al parecer, había conseguido frenar gracias a un medicamento que tenía unos efectos secundarios francamente alucinantes… Pero un buen día llega un misterioso señor al bar y, por motivos que no vienen al caso, terminan jugando a los dados, y todo cambia…
Los terribles gemelos Jordi y Joan Palau, que vivían en un chalet, cerca de la estación de Sant Cugat, eran muy traviesos de niños. Por culpa de un trágico accidente, Joan se desfiguró la cara, lo que marcó su desarrollo social durante la juventud y la adolescencia, en parte por el bullying que sufrió por parte de otro joven, Edu, hasta que un día decide vengarse… Años después, en aquella línea de metro, conoció a una chica, Martina, de la que se enamoró, pero el destino de nuevo entró en acción…
Sol es víctima de una terrible y violenta violación en la estación de Les Planes, en la línea del Vallès. A partir de ahí, como es lógico, su vida cambió por completo. No quiso presentar una denuncia, pero tenía claro que algún día se vengaría del violador. Y en ello centró todos sus esfuerzos y esperanzas. Tras muchas pesquisas, gracias a una detective, dio con él y, junto a su padre y su hermano…
Xavier, bróker cincuentón, depresivo y con problemas con el alcohol, conoce de un modo asombroso a Segwen, una atleta etíope…
Susana, una chica con unas sorprendentes habilidades: podía mover cosas con su mente y podía leer los pensamientos de los demás, entre otras cosas. Y un buen día decide colaborar en la búsqueda de un asesino que mataba a sus víctimas en esa línea de metro…
Y la última historia, en la que varios de los protagonistas de las historias anteriores convergen…
Y hasta aquí puedo leer. Como comprenderán, no puedo desvelar en exceso el contenido de estos relatos, y mucho menos sus desenlaces y el magnífico final del conjunto. Si quieren saber más, tendrán que hacerse con un ejemplar de la obra. Creo que estás pequeñas pinceladas pueden ayudar a que se interesen y apuesten por su lectura. No se arrepentirán.
Por un lado, como es obvio, se trata de una obra de personajes. La autora muestra una especial habilidad y un gran talento para construir a las criaturas que pululan por los relatos que componen el volumen. Son personajes complejos, con un vasto mundo interior, con ricas historias personales detrás, nada maniqueos; conocemos sus pensamientos, sus ansias, sus frustraciones, sus deseos, sus duelos, sus esperanzas y sus asignaturas pendientes. Y así, gracias a la excelente caracterización de todos y cada uno de los personajes que habitan El metro del Vallès, Susanna Sancristòfol Cervelló consigue crear una atmósfera inmersiva que atrapa al lector y le lleva a devorar las páginas del libro, ansioso por conocer cómo se cierran las diferentes y variadas tramas.
Por otro lado, el contexto juega un papel esencial. Como ya vimos, todas las historias guardan relación con esa línea de metro anteriormente citada. Pero es que, además, los relatos siguen el orden de la línea, desde Terrasa hasta la Plaça Catalunya. Todo un acierto estructurar la obra en torno a este eje, que sirve como nexo de unión de unas historias que, como también vimos, se acaban uniendo…
Además, aunque algunos de estos relatos tienen un componente mágico que aporta un maravilloso, fantástico y algo perturbador valor añadido, tratan en el fondo sobre el drama vital y cotidiano que todos vivimos, aunque de forma distinta, claro está. Así, podemos encontrar acertadas reflexiones veladas sobre temas tan interesantes como las siempre difíciles relaciones de pareja, las infidelidades, el dolor de la traición, los clavos ardiendo a los que nos agarramos para no separarnos, el paso del tiempo y la angustia existencial, el abandono de uno mismo por pensar en los demás, la avaricia, las malas decisiones, la crueldad humana, las tribulaciones a las que nos somete el destino, la búsqueda de justicia, etc.
En resumidas cuentas, se trata de una antología deliciosa, adictiva y profundamente humana. Estoy seguro de que les encantará a todos los aficionados a las historias cotidianas que, como decía, son más extrañas que la ficción. Enhorabuena a la autora.

 

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