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Alguien cuidará de nosotras cuando hayamos muerto

Colección Novela

Un libro de Miguel Angel Salinas Cebollada

Esta historia, a caballo entre la realidad y la ficción, describe la vida dura de una mujer
(Simona), única habitante de una aldea apartada de la mano de Dios y del hombre.
Desde que sus padres murieron, y de eso hace ya veintidós años, no ha vuelto a ver a ser
humano alguno. Los bienes necesarios para la subsistencia se los proporciona el
entorno, la tierra, el ganado y el corral.
Un buen día aparece por la aldea una perra perdida, famélica y asustada (Caty) y,
contradiciendo sus principios, la acoge. Sin apenas apercibirse, su vida va
experimentando una mutación. La perra se convierte en su compañera inseparable.
Sin embargo, el verdadero giro que sufre su rutinaria existencia es el descubrimiento de
una caja de mantecados repleta de secretos. Entre ellos, las fotos comprometedoras de
su hermano, tumbado en un prado junto a otro muchacho, un diario, unas cartas y una
llave.
Simona, en contra de su voluntad, turbada y roto su equilibrio, se ve en la obligación de
bajar al pueblo por primera vez en dos décadas e intentar hallar respuestas. Joaquín,
propietario de la única tienda en la localidad y conocido de la infancia, la pone en
antecedentes; saca a relucir a un malvado constructor y a su hijo perturbado. Parece ser
que tras de ellos se esconde un oscuro y siniestro pasado. Simona y Joaquín se proponen
desenterrarlo valiéndose de los secretos de la caja.
Sin darse cuenta, Simona se ve envuelta en una espiral que la aparta cada vez más de
Caty y de su aldea, de todo lo que ama, de lo único que necesita en este mundo.

Biografía:

Lo habitual es indicar año y lugar de nacimiento, actividad profesional, estudios cursados, méritos, premios y demás zarandajas. Sin que sirva de precedente, dejaré caer que nací en Barbastro un día tormentoso del mes de agosto. Mi madre no lo olvidará jamás (y no por la tormenta).
El resto podrían consultarlo en la Wikipedia, pero desafortunadamente no alcanzo la notoriedad suficiente como para ser glosado en su infinita sapiencia. Puestos a reseñar lo sustancial, debo de remarcar que, mientras escribo estas líneas, permanezco vivo; cuando lean esto, puede que no, tal y como está el patio… Premios no he obtenido ninguno, ya se lo adelanto, más bien castigos. Y mi obra literaria es tan extensa como el firmamento infinito y estrellado, aunque la mayor parte inédita. ¿Por qué? Pregunten a los editores.
De todos modos, no creo que les interese conocer acerca de un servidor. Mi vida, insípida y anodina, les aburriría. Sin conocerles, seguro que es más interesante la suya. ¿Que qué sabré yo? Poco tirando a nada. Yo me preocupo de lo mío, que bastante tengo.
Me atrevería a aconsejarles, con el recato y respeto que merecen, que lean el libro. En cada una de las páginas, ya sea de modo encriptado o vehemente, les haré compañía. Juntos de la mano alcanzaremos el final y entonces, justo entonces, me darán la razón. Todo lo que necesitaban saber sobre mí lo habrán leído.
Qué experiencia tan hermosa. ¿No les parece?



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