Andanzas de un hidalgo de capa y bandurria (Todo lo que sé sobre el Bajocas)

Colección Novela
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Un libro de Luis Munera Martínez

Desde antaño se ha comentado, en infinidad de reuniones de tunos, que habría que reunir en un glosario las anécdotas que cada uno ha vivido a lo largo de sus andanzas y correrías ejerciendo el «mester del negro ministerio», con el único fin de que no se pierdan en el olvido. Si bien es cierto que cada cual guarda en su memoria experiencias dignas de recordar, el Bajocas tiene para escribir toda una enciclopedia repleta de anécdotas estrambóticas e increíbles. Con este libro se rinde homenaje a este personaje muy real, contando algunas de sus historietas disparatadas, a las que solo se ha añadido la literatura necesaria para trasmitir lo más fielmente posible todo lo que aconteció el día o la noche de autos, y cómo lo vivieron los presentes. Hay, a buen seguro, muchos otros «Bajocas» en decenas de rincones de nuestra geografía, pero a este lo conocí yo, y tuve la suerte de compartir con él momentos que permanecerán para siempre imborrables en mi memoria. Estoy seguro de que casi todos los recordaré con una sonrisa. Muchos acabarán siendo chascarrillos, que relataré para el disfrute de los presentes en más de una reunión de amigos. Algunos solo podré contárselos a mi hijo cuando alcance la mayoría de edad y no haya riesgo de que se escandalice. Guardaré como oro en paño otros que no contaré nunca a nadie, los más íntimos, esos que me hicieron reflexionar tanto sobre las personas y la vida. … Y en mi interior daré siempre gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de haber vivido todos y cada uno de ellos.

Biografía:

Luis Munera sabía que quería ser tuno antes de decidir qué carrera iba a estudiar. Allá por el año 1988 acudió una noche, vestido con un pijama y con un orinal en la cabeza, al bar donde quedaba la tuna de Derecho de Alicante. Aquel ambiente lo enganchó desde el primer momento, y apenas un par de años después ya tenía su capa repleta de escudos de los lugares que había visitado con la tuna, y llena de cintas, cada una de ellas recuerdo de una serenata bajo el balcón a una mujer, ya fuera una querida amiga, hermana, madre, novia… Decidió hacer realidad aquello que escuchó decir a alguien en una de esas conversaciones a altas horas de la madrugada entre canción y canción, después de una ronda: «Me daría por más que satisfecho si consiguiera cumplir tres sueños con la tuna: ganar un certamen, cruzar el charco y grabar un disco». Y ya lo creo que cumplió todo aquello, y repetidas veces. Los tunos antiguos, esos que han visto mucho, saben que a la tuna entran estudiantes de diversa índole, cada uno con sus propias aspiraciones y por diversos motivos, aunque siempre con el denominador común de ser apasionados de la música y tener ganas de disfrutar la vida de una manera romántica, en el sentido más amplio de la palabra. Unos pasan unos años en ella y desaparecen, otros quedan atrapados y son tunos ya de por vida, se vistan con el jubón, las calzas y los greguescos habitualmente o quizá solo una vez al año. Luis (Nijinsky) es uno de esos tunos, que por más tiempo que pase, o se encuentre donde se encuentre, nunca dejarán de serlo.



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