El lancero zurdo puede considerarse la última novela de la trilogía que forman con ella La línea de la mula (2022) y La cebadera de hilo (2023).
La presencia de El lancero zurdo, ese jinete solitario y de voluntad inquebrantable, envuelve con misterio la crónica de los viajes a caballo que se relatan en la novela y los sitúa en la épica atemporal de los libros de aventuras.
El lector se identifica pronto con el protagonista (en el relato titulado «El desconocido Eugenio Sánchez») y con los protagonistas (en «Los minados de oro») y afronta con ellos las dificultades y peripecias de los viajes a caballo que el autor se ocupa de describir con detalle; incluso, a veces, parece que proporciona al lector los datos necesarios para que este pueda repetirlos.
Las reflexiones sobre lo que les sucede a los protagonistas, la intervención en la historia de los personajes que van apareciendo en su camino, la descripción minuciosa del paisaje que los acoge, del peligro vivido, la relación entre los protagonistas y de estos con sus caballos, la voluntad de todos por continuar el viaje que han decidido emprender, el amor por lo que llevan entre manos y por cómo lo hacen… Todo ello conforma un pequeño universo y una experiencia humana que el autor nos narra con una facilidad que trasciende la simple crónica de viaje y ofrece al lector un provecho mayor, invitándolo a descubrir.
La última parte de la novela, «Esa yegua que pasa», podría parecer un relato desligado de los otros, pero no es así. Podría parecerlo porque hay más de treinta años entre los hechos que se relatan en los primeros relatos y este último o porque aquellos son relatos de viajes a caballo y este no lo es. Sin embargo, todos forman parte de una misma y enriquecedora experiencia vivida. Juntos complementan las partes de un todo entre humanos y caballos que el autor parece querer compartir con el lector, quizá invitándolo a que, si aún no lo ha hecho, inicie su propia experiencia con caballos.