La elección

Colección Novela
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Un libro de Javier Figueroa Hernandez

La unión del Arca de la Alianza, en pleno funcionamiento, con el reactor nu­clear del Pentágono ha creado una perturbación mundial, que ha dejado nues­tro mundo completamente desamparado tecnológicamente.

La misteriosa nave Parasol se ha interpuesto entre el Sol y la Tierra, y las noches en nuestro mundo amenazan con ser eternas. Tan solo una gigantesca aurora boreal ilumina las sombras que nos acechan.

La llegada de los invasores viene acompañada de una proposición tan real como tentadora, ofreciéndonos un sitio en el Paraíso, muy lejos de nuestro planeta. Tan solo un grupo de hombres y mujeres están dispuestos a cuestionar todo lo que creemos y luchar por descubrir qué hay de verdad en todo lo que nos rodea.

En las entrañas del navío espacial, «Noah», el antiguo Arca de Noé, se esconde un secreto que podría cambiar el curso de la guerra que se avecina.

Legendarias y antiguas traiciones unen a humanos y arcángeles en una lucha contra reloj por encontrar un camino donde esconder nuestras almas y nuestros corazones de alguien, que llegará muy pronto para reclamarlos como suyos.

Nuestro planeta era un préstamo y vienen para cobrarse la deuda.

Solo unos pocos podrán ver detrás del velo de la traición y aceptar, al fin, que el general Lucifer quizás siempre estuvo en lo cierto.

HELI, a bordo del misil nuclear Caribdis, tiene un plan secreto que podría salvar a los humanos y a la Tierra de las garras insaciables del «Todopoderoso».

Ella, la inteligencia artificial humana, es nuestra única esperanza.

Biografía:

Decía Haruki Murakami que… «El destino se lleva siempre su parte y no se retira hasta obtener lo que le corresponde», y es abso­lutamente cierto.

Desde que el último día del mes de enero del 74, el destino me trajo a este mundo. Mi vida, como la de todos los que habitamos este planeta, ha estado marcada traumáti­camente por un acto tan cruel como inevi­table, que realizamos constantemente y nos moldea segundo a segundo.

Y es elegir. En mi vida, este gesto mental, a veces realizado al azar y otras veces tras un gran trabajo cognitivo táctico, me ha pare­cido doloroso y condenado al fracaso, debi­do a que siempre que elegimos, perdemos. Siempre.

Ya sea una elección simple, sin importan­cia, o una decisión transcendental de gran calado personal. Cada vez que he tenido que elegir en mi vida, he acabado con la sensación de que, con cada decisión, deja­ba atrás posibilidades que jamás volverán y podrían haber sido correctas.

Siempre nos centramos en la decisión que hemos tomado, olvidando las posibilidades perdidas, y creo que ese gesto nos hace perder aún más. Creo, sinceramente, que si cada vez que elegimos, ya sea una decisión acertada o no, tuviéramos presente el «ca­mino perdido», tendríamos una visión tan global de todo lo que nos rodea que quizás, en esos momentos tan relevantes de nuestra vida, decidir sería distinto.



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