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Los buscadores del conocimiento

Colección Novela

Un libro de L. P. Marcenaro

Los buscadores del conocimiento fue concebido como una diversión sin más con-secuencias que jugar con una realidad, que muy bien podría deslizarse junto a la nuestra, porque cuando elegimos un camino, otros quedan atrás. Nos ocurre a nivel individual y nos ocurre también como especie.

Sin conocimientos científicos que pudieran respaldar todas las alternativas que hoy afloran sobre las contradicciones de la historia del hombre, con tantos y tan contundentes enigmas arqueológicos; con los descubrimientos de la física cuántica que dan ahora cátedra a curanderos y chamanes y desde la simplicidad de nuestras religiones, L.P. Marcenaro recurre a la novela fantástica, donde ex-plica con habilidad e imaginación caminos que quizás hoy, paralelos a nuestro universo, pudieran tener más afinidad con la espiritualidad que aquellos que nos acompañaron en la historia de esta humanidad.

El proyecto no pudo quedarse en una primera novela como Sajalia, tanto los personajes como el propio relato demandaron desde el primer momento más definición y espacio pera la verosimilitud de sus afanes y así el autor se obligó a concluir una trilogía, que con el presente libro de Sajalia, la hija de la diosa y Las profecías de Xerábian, completan una saga que no nos dejará indiferentes. ¿Y por qué no? Si la realidad necesita de nuestra observación y conciencia para existir, como tantos científicos nos enseñan y demuestran, abramos pues una nueva realidad más independiente de nuestros cinco sentidos y más cerca de la trascendencia del ser.

A pesar de lo que antecede, Los buscadores del conocimiento son tres libros de una novela de aventuras divertida y amena que define a personajes insólitos, en un nuevo mundo que salta desbordando los viejos parámetros.

Biografía:

Luis Pozo Marcenaro nació en Urdués, un pequeño pueblo del pirineo aragonés, en 1942.

El primer acontecimiento que marcaría un hito en la línea de su vida ocurrió a los quince años con su ingreso en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro como huérfano de la Guardia Civil. También allí experimentará la primera decepción a cargo del poder de un estamento que pretendió convertir a su preciosa existencia en un «número» que es como se conoce habitualmente en la jerga del Cuerpo a la individualidad que compone, todavía hoy, al colectivo de la Guardia Civil.

A los veintidós años, puede licenciarse y lo hace en Guinea (el joven polilla para los en-tendidos), consigue un trabajo allí, que es también un espacio de libertad y aventuras donde querrá vivir para siempre, pero «el mundo no está nunca quieto» y en 1968, con la concesión de la Independencia a Guinea Ecuatorial y los posteriores sucesos de marzo de 1969, Luis Pozo se resiste a abandonar su particular Edén y es uno de los siete españoles que quedaron después de la llamada Emergencia Nacional, lo que le proporcionó experiencias como para escribir El trampero.

En 1970, todo ha desaparecido con las empresas españolas que lo hacían posible y regresa con su familia a España, donde se inicia como buceador en una base de la armada española en Cartagena.

Funda una empresa de buceo con base en Madrid y contribuye como subcontratista a obras tan relevantes como el Puente de Rande en Vigo, el Trasvase del Tajo al Segura como subcontratista de la extinguida Ocisa, Desguace del Cabo de Palos en la ría de Avilés para la agrupación de empresas Esea y muchas otras obras menores. Hasta que el 3 de agosto, Teo-doro Obiang Nguema da su «golpe de libertad» contra el sanguinario dictador, Macías Nguema, y Luis Pozo volverá a África, que ya no es la misma. Decepcionado, cambiará Guinea, por Ghana, después Liberia y, finalmente, Camerún para volver a otra Guinea de gigantescas obras públicas que el petróleo hace posible. En 2014, acomodado en su casa de Madrid, rememorará por fin sus sueños de un viaje interior que su pensamiento recreará por caminos que nunca pudo recorrer.



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