Notas de esperanza

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Un libro de Juan José Parra Fuentelzás

La puerta por donde entraba el más grande reguero de amor y de felicidad, que recibía de su esposa Rebeca, se cerró de golpe para Carlos Bravo, un prestigioso abogado madrileño. El motivo no fue otro que la muerte de Rebeca, consecuencia de un fatal accidente de tráfico promovido por un conductor suicida. La sorprendente decisión judicial de dejar libre de cargos al causante del accidente hizo que Carlos renunciara al ejercicio de su profesión. En busca de su paz interior, acompañado de su inseparable saxofón, decidió convertirse en un ciudadano parisino más.
Algunos puentes del río Sena fueron testigos de sus frecuentes conciertos callejeros. También en una sala de fiesta hacía sonar a su valorado saxo. En ese caso, de forma profesional. En el transcurrir de esos días, determinadas circunstancias lo llevaron hasta Nueva York, donde desenterró su toga para volver a ejercer su carrera de abogado en un solo caso: la defensa de niños afectados por los vertidos tóxicos que expulsaba una importante factoría en la población de Filadelfia. En Nueva York, volvió a sentir el amor hacia una mujer como lo había vivido junto a Rebeca, aunque su irrenunciable deseo de colaborar en una ONG ubicada en una ciudad asiática, una vez finalizada su gestión como letrado, se anteponía a ese nuevo amor condicionado a su permanencia en la ciudad norteamericana, porque su gran compromiso con el mismo era el de promover sonrisas en muchos de los niños castigados por la pobreza y por la desidia de algunos políticos, a través del sonido de su inseparable saxo. Días más tarde, el amor entre Carlos y Carol venció a la comodidad y, adquiriendo ella un importante compromiso, viajaron hasta Yakarta sometiéndose al cambio radical de sus vidas. Sus experiencias en la ciudad asiática resultaron muy gratificantes para sus respectivos corazones, en la cuales tuvo una gran influencia el instrumento musical de Carlos: ¡su inseparable saxo!

Biografía:

Juanjo Fuentelzás llegó al mundo en un momento donde la vida no era nada fácil para muchas de las familias que formaban parte de ese grupo catalogado como muy humildes, al cual pertenecían ellos, donde, hasta el hambre era protagonista en los cinco miembros que la componían.Su nacimiento tuvo lugar en un pueblecito de la olvidada Extremadura, muy cercano a la singular Mérida.Después de mucho peregrinar por esa zona geográfica, cuando Juanjo tenía siete años, él y toda su familia recalaron en la ciudad de Cáceres.Hasta ese momento, no había accedido a ningún centro de primera enseñanza, su madre había sido la única persona que había ejercido de tutora.Cuando ya era un adolescente, la posibilidad de engrandecer su cultura y con ello mantener y acrecentar la ilusión que sentía hacia la poesía lo llevó a tomar una de las más importantes, y transcendentes, decisiones de su vida; y con ello, entre otras cosas, seguir leyendo y aprendiendo de Javier Heraud y Cesar Calvo, entre otros.Barcelona fue su destino cuando solo contaba diecisiete años.En la ciudad condal, durante los primeros años de su llegada, el sacrificio fue una constante en su día a día. El trabajo diurno, necesario para su supervivencia económica, y los imprescindibles estudios nocturnos no le impedían dedicar algún tiempo a la lectura de obras de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.Años después, considerando una de las últimas voluntades de su esposa, fallecida por causa de un cruel cáncer, y en homenaje póstumo a ella, dio por finalizada su segunda obra: Entre la luz de París y la sobra del destino, que publicó a continuación.Hoy procede en consecuencia con una de las varias que figuran en sus archivos: NOTAS DE ESPERANZA.



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