Planeta escondido

Colección Novela
Un libro de Javier Figueroa Hernandez

Tom, un oficial y piloto de la USAF, es silenciado, repudiado y obligado a abandonar el ejército, el testimonio de su última misión fue el motivo de un gran peso mental y psicológico que está a punto de derrumbarle definitivamente. En su exilio con su familia, en Kansas, conoce a un psicoanalista, el famoso profesor Nathan Telman, que le ayudará a vencer sus demonios.
Una sociedad asolada por un complot tan encubierto y doloroso, que apenas un puñado de científicos lograrán averiguarlo, quizás para todos, demasiado tarde.
En la Universidad de Oxford, dos brillantes alumnos hacen un descubrimiento que podría ser la salvación para la humanidad.
La Estación Espacial, esperando el reemplazo, sufre un accidente y desaparece misteriosamente, dejando a sus ocupantes, dos valientes astronautas, abandonados sin esperanza.
Las sagradas escrituras de innumerables religiones, señales de todo tipo en todo el planeta, a través del tiempo, nos advierten de la importancia de vigilar el cielo y las estrellas. Ellos llegan.
Un General laureado del pentágono, a punto de la jubilación, debe tomar la decisión de traicionar a los suyos, al descubrir que todo es una terrible mentira.
Un planeta, la Tierra, único y codiciado, en un universo condenado, donde la vida a pesar de todo, es escasa.
La verdad sobre la vida y nuestras creencias ha llegado a su fin.

Biografía:

Decía Haruki Murakami que… «El destino se lleva siempre su parte y no se retira hasta obtener lo que le corresponde», y es abso­lutamente cierto.

Desde que el último día del mes de enero del 74, el destino me trajo a este mundo. Mi vida, como la de todos los que habitamos este planeta, ha estado marcada traumáti­camente por un acto tan cruel como inevi­table, que realizamos constantemente y nos moldea segundo a segundo.

Y es elegir. En mi vida, este gesto mental, a veces realizado al azar y otras veces tras un gran trabajo cognitivo táctico, me ha pare­cido doloroso y condenado al fracaso, debi­do a que siempre que elegimos, perdemos. Siempre.

Ya sea una elección simple, sin importan­cia, o una decisión transcendental de gran calado personal. Cada vez que he tenido que elegir en mi vida, he acabado con la sensación de que, con cada decisión, deja­ba atrás posibilidades que jamás volverán y podrían haber sido correctas.

Siempre nos centramos en la decisión que hemos tomado, olvidando las posibilidades perdidas, y creo que ese gesto nos hace perder aún más. Creo, sinceramente, que si cada vez que elegimos, ya sea una decisión acertada o no, tuviéramos presente el «ca­mino perdido», tendríamos una visión tan global de todo lo que nos rodea que quizás, en esos momentos tan relevantes de nuestra vida, decidir sería distinto.



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