Esta novela es la segunda entrega de la trilogía Los emigrantes, iniciada con Estación del Norte. En este libro, el autor sigue profundizando en las circunstancias que rodean la vida de los protagonistas, una familia de emigrantes obligada a dejar atrás su tierra natal.
Empujados por la necesidad tras una cruenta guerra civil, y después de encontrar un lugar donde echar nuevas raíces, se ven abocados a vivir en un barrio obrero. Allí deberán luchar con denuedo para labrarse un futuro, mientras conviven con personas de diversas procedencias. Entre ellos se forjan lazos de amistad y compañerismo, pero también surgen rivalidades y enemistades.
El futuro al que aspiran tiene un precio muy alto, que deberán pagar con duros trabajos y grandes sacrificios, circunstancias que comparten con el resto de los vecinos. A lo largo de la narración afloran valores que enaltecen al ser humano, como el amor y la solidaridad, pero también aparecen las actitudes más despreciables.
Un relato que emociona y no deja indiferente a nadie, en el que el autor emplea una narrativa cercana y detallada, retratando con autenticidad la dureza y los pequeños momentos de esperanza en la vida de estos personajes. Todo ello, contado con soltura y desenfado, convierte esta historia en una lectura amena y difícil de interrumpir.