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Querida Lola, querida Cecilia

Colección Relatos

Un libro de Patro Moratal

Todos somos un continuo regreso, para nosotros mismos y para los que nos rodean. Las historias nos observan como un tirador de élite dispuesto a disparar aleatoriamente. ¿Por qué a mí? Porque ahora te toca vivir a ti lo que otro ya vivió. Las historias se repiten. No es nada personal. Es mi vida, es la tuya, es la suya. Las historias van y vienen como esos pájaros migratorios que al alzar el vuelo no saben si su resistencia alcanzará para tan largo viaje y regresar a buen puerto. La vida no es justa, ni tiene un proyecto preconcebido, ni un plan B para cada uno de nosotros. El destino es azaroso y nos pone a prueba en todos los sentidos, tiene cambios imprevistos que nos caen encima como lluvia fina, ese calabobos que al menor descuido ya nos tiene, de arriba abajo, completamente empapados. Si puedes, coge un chubasquero, por si acaso. Pero tarde o temprano nos atrapará lo bueno o lo malo. La vida puede ser dura y otras veces generosa. Pero es del todo cierto que no hay mal que cien años dure. Centenarios hay bien pocos. Clara conoce historias que no cuenta. Pero no olvida a sus mejores actores.

Biografía:

Patro Moratal empezó su andadura en la escritura, ella dice que demasiado tarde. Empezó escribiendo pequeños artículos de opinión que enviaba a periódicos como El País o Levante Mercantil y que siempre le publicaban. Hablaba sobre dentistas, sobre cómo había dejado de fumar y el porqué, y más que nada hablaba de los políticos de su pueblo, donde el material nunca dejaba de sorprenderla. Luego pensó en escribir una novela y escribió La piel del alma, más tarde escribió Azul es la memoria, pero siempre piensa que esas dos novelas fueron como una sopa de agua porque no era lo que verdaderamente sentía ni la manera en que quería contar las cosas. Tuvo que aprender, llenar su escritura de déjate llevar, pierde el miedo. Y escribió París, marfil y gris, que la tuvo que subir a Kindle Amazon. En esa novela, puso su alma, escribió como suponía que tenía que escribir: con su verdad y su corazón. Mientras, hizo una traducción (que nadie le pidió), del francés al español, una novela de Philippe Claudel, La pequeña nieta del señor Linh. Fue un reto superado, costó pero lo logró. El autor le dio las gracias por el faenón realizado. Ahora presenta Querida Lola, querida Cecilia, una historia entre lo real y lo ficticio. Ella sola sabe dónde empieza lo real y termina lo ficticio.
Ahora tiene entre manos: No llores, muerde…



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