Hojas de Otoño

Colección Relatos
Un libro de Quirico Molina Jiménez

A través de una narrativa luminosa y llena de hermosas imágenes sensoriales, el autor nos muestra un tapiz confeccionado con hojas de otoño. El evocador haiku de Takahama Kyoshi nos descubre que:
Una hoja de paulonia
está cayendo con
la luz del sol sobre ella.
Cada relato es una hoja perfecta en su simpleza de formas, en su pureza de líneas, pero al mismo tiempo atesora en su interior sustancias y experiencias vividas, únicas e irrepetibles.
Parece que no hay nexo de unión entre: un viejo domador, una sirena, una gorila, un loco, un dendrólogo, un monje, un tatuaje inquietante, un niño y una enfermera misteriosa. Pero al igual que las hojas cuando se mezclan al caer al suelo forman una alfombra rica en tonos, colorida, crujiente y olorosa; este libro es un lienzo uniforme que encierra profundidades y secretos del paso del tiempo y la existencia.
Cada hoja es el ingrediente de una pócima secreta que transmuta nuestro mundo en una atmósfera misteriosa, visual y emotiva, sugerente, sensual, en ocasiones onírica e hipnótica, que nos envuelve con texturas, olores, tonalidades y sabores desconocidos. Un elixir que nos conduce y abre nuevos caminos en nuestro entendimiento de la vida.

Biografía:

Había una vez un escritor nacido en la cálida Andalucía y criado y madurado en la Cerdanya, a la sombra de los Pirineos.
De joven le fascinaban las civilizaciones del pasado, los mitos y las leyendas. Las lecturas alimentaban su imaginación en las crepusculares y frías tardes invernales, mientras caía mansamente la nieve. Estudió Historia Antigua.
También se formó como terapeuta de Shiatsu y otras disciplinas.
Le apasionaba Oriente y sus filosofías tanto como los bosques, los ríos y la inmensidad de la montaña.
Experimentó la misma sensación de infinitud a orillas del Mediterráneo, contemplando el horizonte y sus aguas luminosas y cambiantes. Allí se quedó.
Dicen que practicaba el aikido y el tiro con arco tradicional e incluso hacía utensilios de cuero con sus propias manos. Conocía las setas y las plantas. Era silencioso caminando entre los árboles.
Atrapaba con las pupilas la esencia invisible de la vida que se desplegaba ante sus ojos. Escribía relatos breves. Oí decir que incluso había publicado más de uno.
Otros dicen que trabajaba en una novela.
Era reservado y tímido como las criaturas del bosque.
Yo me pregunto:
¿De qué puede escribir un tipo así?



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